AMLO, el nuevo capítulo
No se olvidará que había asegurado que respetaría el resultado de la elección. Llevará a cuestas el último engaño.
Todo está listo para la fiesta electoral en Estados Unidos. Los candidatos tienen a su compañero de fórmula. Como se dice en los pueblos: cada oveja con su pareja. Obama mantiene a Joe Biden, Romney sin pensarlo mucho escogió a Paul Ryan. Los candidatos a la vicepresidencia jugarán un papel relevante. Se cree que McCain perdió frente a Obama por los errores de Sarah Palin, su compañera de fórmula, que fue, como las florecitas de Alaska, flor de un solo día.
Se especuló si Obama dejaría fuera a Biden en tanto le da por fijar tesis y criterios no necesariamente acordados por el Presidente. Se especuló también si Romney decidiría por un candidato hispano (cubano) para ganar adeptos entre esta minoría. Después de las convenciones, los demócratas encabezan el momento político. No tuvieron errores que lamentar como los republicanos. Romney cometió uno imperdonable: se le olvidó mencionar a las tropas en activo. Clint Eastwood, orador republicano invitado, demostró que es mejor actor de películas de acción que político de película. Decidió el guión de su participación al último momento (una ocurrencia que cayó mal). Sentó en un supuesto banquillo de acusados al presidente Obama para hacerle cargos. Llevó un alto costo el ridiculizar al Presidente. Para colmo, la revista Runner’s World aclaró que Paul Ryan nunca corrió en ese tiempo que envidiaría el mismo Roberto Madrazo.
La mentira de Ryan le afectará al Partido Republicano. Cuando se descubrió su engaño, explicó que había pasado ya 22 años y “las cosas se olvidan”. Quienes corremos maratones jamás dejaríamos de recordar las mejores marcas (la mía fue 3:46). Dijo que corría en menos de tres horas, cuando su tiempo real fue de alrededor de cuatro horas. Beau, el hijo del vicepresidente Biden, declaró que su mamá, esposa del vicepresidente, corrió un maratón en Washington en cuatro horas y media y que podía ganarle a Ryan. La esposa de Biden, que habló en la Convención Demócrata de lo mucho que ama a su marido, se anuncia como Dr. Jill Biden, cuando su grado académico en educación no ameritaría la mención de “doctora”.
Ryan quedó como Bill Richardson, la estrella que se apagó. Richardson declaró, cuando quería ser presidente de Estados Unidos, que había sido tan buen beisbolista en su juventud que estuvo en la mira, para jugar profesionalmente, de los Atléticos de Kansas City, los Orioles de Baltimore, los Dodgers de Los Ángeles y los Piratas de Pittsburgh (el equipo que alguna vez quiso firmar a mi amigo el científico René Drucker como pitcher).
Ya entrados en mentira recuerdo la de hace tres años cuando el gobernador de Carolina del Sur, Mark Sanford, desapareció seis días. La explicación de su ausencia es que andaba excursionando en Los Montes Apalaches. Se descubrió que en realidad estaba en el barrio de Palermo en la ciudad de Buenos Aires con su novia. Por cierto, perdió el empleo político, pero ahora ya está felizmente comprometido.
En los meses que siguen de campaña veremos cómo se descubren más mentiras y más engaños. Unas se olvidan y otros valdrá la pena recordarlos. Entre nosotros AMLO perdió la oportunidad de quedarse callado después de perder en los comicios. No se olvidará que había asegurado que respetaría el resultado de la elección. Llevará a cuestas el último engaño.
