Washington mira hacia el sur

El gobierno de EU necesita una retaguardia segura y estable, libre de cuestionamientos a su poder hegemónico.

Con Europa y Oriente Medio divididos; la OTAN en crisis, aunque esto, paradójicamente, la vuelva más peligrosa en el corto plazo, y el resto de los poseedores de armas nucleares —salvo Gran Bretaña y quizá Pakistán— en disidencia, el gobierno de Estados Unidos necesita una retaguardia segura y estable, libre de cuestionamientos a su poder hegemónico, a fin de llevar adelante sus planes de “reacomodo geoestratégico” del mundo islámico (que posee 65% de las reservas mundiales de petróleo).

Sin embargo, dentro de su propio territorio el consenso se ha roto; y en América Latina nunca hubo un clima de tanta animadversión hacia Washington como ahora: el, pese a todo, indestructible nacionalismo mexicano, cuyo renacimiento se espera; Cuba, Venezuela, Nicaragua, la porción del territorio colombiano controlado por las FARC y el ELN; Bolivia y Ecuador; Brasil y Argentina.

Lo que no lograron ni el triunfo de la revolución cubana ni las guerrillas de las décadas de 1960 y 1970 del siglo XX, lo han conseguido los sucesivos gobiernos estadunidenses, el Consenso de Washington, el Plan Colombia, la Iniciativa Mérida, el FMI y sus agentes locales.

Impera, como siempre, el belicismo incontrolable: “...renovar e incrementar el poder militar de Estados Unidos para garantizar su presencia global y liquidar toda resistencia ideológica mediante un amplio espectro de nuevas alianzas”, según propone William Kristol, cofundador del Proyecto para el Nuevo Siglo Estadunidense, director de la Iniciativa de Política Exterior y uno de los ideólogos de la ultraderecha del Partido Republicano; quien sin embargo, no dudó en apoyar la ofensiva de Barack Obama contra Libia.

El proyecto del fundamentalismo conservador inaugurado con Ronald Reagan en la década de 1980, relanzado a escala global por la familia Bush y reivindicado taimadamente por Obama, pese a sus promesas y supuesta vocación por la paz, sólo puede generar repudio y resistencia entre los pueblos que reivindican su derecho a la libertad, la justicia social y la verdadera democracia.

Más aún, cuando para imponerlo se recurre a la violación de los derechos humanos, la destrucción de la ya precaria legalidad internacional y la guerra. Repudio y resistencia que el complejo industrial-militar, en su avance hacia “la dictadura mundial” —según la caracterización de Noam Chomsky— no tolerará en su “patio trasero”.

Con las agresiones contra Afganistán, Irak y Libia, la ofensiva encubierta y mentirosa contra Siria y la decisión de abatir a Irán —conforme a prioridades que son también las de Israel—.

Estados Unidos suma a su inventario países y recursos estratégicamente prioritarios: Afganistán y el transporte de gas de los yacimientos del mar Caspio hacia el Golfo Pérsico; Irak y la segunda reserva de hidrocarburos del mundo; la riqueza petrolera y acuífera de Libia. Pero actúa a la vez para sofocar la oleada opositora en América Latina, intervenir militarmente contra la narcoguerrilla colombiana que alguna vez le fue útil, derrocar a los gobiernos opositores, alinear a los neutrales —si alguna cae en este rubro—, endurecer el trato hacia los amigos incómodos y asegurar el control de mercados y bienes de actual valor complementario, pero de importancia vital en el futuro.

Tal es el caso del petróleo de México, Venezuela, Ecuador y Colombia; las inmensas planicies para el cultivo de soya; la biodiversidad amazónica y las reservas del acuífero guaraní y de los glaciares patagónicos, entre otros.

Según la CIA, América Latina se vuelve cada vez más volátil y crece dentro de ella un enorme potencial de inestabilidad. “La región se ve afectada por crisis económicas y políticas cíclicas”, asegura. Esa ha sido la justificación, entre otras acciones, del intento de golpe de Estado contra Hugo Chávez, la escalada militar y paramilitar en Colombia, el establecimiento de bases militares y de entrenamiento de tropas locales en Centro y Sudamérica; el golpe contra Fernando Lugo en Paraguay. La estrategia está en marcha y aprovecha todas las coyunturas. Continuaré con el tema.

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