¿Derecho o conciencia?
No se trata de quién es mejor o peor, se tratade trabajar y luchar juntos, todos por igualpara lograr un mundo mejor.
Las mujeres, a través de la historia, fueron señaladas como el sexo débil, y en esa misma historia siempre han anhelado y luchado por ser tratadas y admiradas al igual que los hombres. Igualdad y equidad son términos que aún no comprendemos del todo porque la sociedad del siglo XXI cuenta con innumerables casos que impiden la plenitud y el desarrollo de estas prácticas siempre deseadas. Los hábitos arcaicos en los cuales la mujer es vista como un objeto sexual o una parte más del hogar todavía invaden nuestro inconsciente colectivo y seguimos creyendo fervientemente en ellos. ¿Quién es el verdadero culpable de esta situación que afecta nuestra vida cotidiana? ¿Los hombres o las mujeres?
Según la declaración de los derechos humanos, “todos los humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”. En naciones con poco desarrollo económico y educativo, el anterior postulado es nulo o casi imposible de realizar porque hombres y mujeres se ven en la necesidad de prescindir de sus más elementales facultades: el respeto, la dignidad y la capacidad de discernir entre lo que es correcto y lo que no; donde importa más el sobrevivir que el vivir. En el caso de las mujeres, las capacidades físicas y el entorno cultural que las rodea hacen que carguen con un peso muy grande: tienen que ser buenas, inocentes, obedientes, pulcras, serviciales, entre muchos otras “aptitudes” que la sociedad, a través del tiempo, les ha impuesto.
En pleno 2012, hablando específicamente de México, el único ser que puede cambiar la situación —y ya lo está haciendo, con más frecuencia— es la mujer misma. De acuerdo con el más reciente censo de población, el margen de diferencia entre mujeres y hombres es muy grande, además de que los logros más importantes, tanto académicos, sociales y hasta deportivos —como lo pudimos observar en las pasadas olimpiadas— le pertenecen a ellas. Las leyes están, los espacios están; esta situación de “inferioridad” pasa únicamente por un aspecto mental. Mientras las mujeres no se sientan con la capacidad de obtener puestos y tratos más dignos, los hombres “malos” seguirán aprovechándose de eso; mientras sigan creyendo en ese mundo de príncipes azules, ese mundo de damas y caballeros, seguirán presentándose abusos y discriminaciones.
No se trata de quién es mejor o peor, se trata de trabajar y luchar juntos, todos por igual para lograr un mundo mejor. Por ello invito a las mujeres a que reflexionen sobre cómo tratan a hijos, a padres, a amigos, compañeros de clase o trabajo, parejas… a todo ser masculino que circula en su vida, para ver si son ellos o son ustedes quienes obstaculizan el cambio. A los hombres los invito a que tomen en cuenta que ellas no les quitarán su lugar ni serán más que nosotros, así que tratémoslas con respeto y admiración, al fin y al cabo todos pertenecemos a la misma especie: seres humanos.
*Estudiante de
ciencias de la
comunicación-UAEH
