La magia olímpica
No es sólo la importancia política o financiera lo que convierte al deporte en un factor real de influencia y poder político.
El movimiento olímpico es más importante que prácticamente todas las iniciativas multilaterales, los tratados internacionales y las cumbres de los grupos y convenciones. El Comité Olímpico Internacional es mucho más influyente que muchos países y alguna de sus organizaciones afiliadas —la FIFA— tienen más dinero, más preponderancia, más poder que la mayoría de los países que la integran.
Pero no es tan solo la importancia política o financiera lo que convierte al deporte en un factor real de influencia y poder político, social y cultural. Más allá de los ideales olímpicos, algo ingenuos (Citius, Altius, Fortius), y del espíritu de camaradería mundial y de la convocatoria olímpica de la juventud mundial, se trata de un enorme negocio global. De la lucha de los países y ciudades, países compiten para obtener la sede. De decenas de empresas multinacionales que ven la gran oportunidad de pingües ganancias. También se trata de política internacional.
Rotas las barreras del profesionalismo en los Juegos, no existe limitación como algún tiempo en que los deportistas profesionales estaban vetados. El emblemático caso de Jim Thorpe, indio americano, a quien le retiraron sus medallas olímpicas por haber jugado previamente dos partidos de beisbol profesional, muestra lo absurdo de algunas reglas. Ahora coinciden en la cancha quienes juegan para vivir como magnates y quienes viven para jugar por el mero gusto.
Los Juegos han pasado muchas vicisitudes. Hitler utilizó los Juegos de Berlín en 1936 como propaganda política y racial. En Munich, años después, un comando palestino, apoyado por neonazis, propició una masacre que ensombreció el deporte. México organizó los Juegos de 1968 que se inauguraron a unos días de la masacre de Tlaltelolco. Se han superado muchas complicaciones: las drogas entre atletas, la corrupción de autoridades deportivas, los negocios escondidos, el cohecho, las malas decisiones de los árbitros, el favoritismo, los vividores del deporte.
No obstante, el deporte es una necesidad cultural. Además del beneficio en la formación de niños y jóvenes y del papel a favor de la salud y la prevención de enfermedades, el deporte es parte de la vida y la naturaleza misma. Es el deporte en sí mismo el que juega un papel crucial para establecer intercambios mundiales y para distender tensiones. No obstante, es difícil tarea la de la competencia deportiva. ¿Cómo comparar pequeños países con las potencias mundiales? Más complicado aún, ¿cómo permitir la competencia entre países hegemónicos, con alto grado de desarrollo con países inviables, con estados fallidos, con desnutrición, deudas, hambrunas y malos gobiernos?
Sin embargo, esa es la magia olímpica. Los ejemplos son múltiples e incontables. Los estadísticos quieren imponer medidas para equilibrar las competencias. Así como en el boxeo hay categorías según el peso de los pugilistas, debería haber medidas para valorar las medallas. Se han escuchado propuestas de ajustes para la igualdad y proporcionalidad en las medallas, sin mucho éxito.
Un deportista de pantalón largo de Eslovenia anunció que su país debería estar en el primer lugar del medallero olímpico. Si se divide el número de medallas entre el total de la población y de esa manera se obtiene un factor. En el caso de su país, dos millones de habitantes y dos medallas daría un valor de medalla per cápita. Al plantear su propuesta mencionó que le preocupaba Jamaica. Tenía razón, pues Jamaica, con 2.7 millones de habitantes, ganó 12 medallas, cuatro de ellas de oro. Dice el New York Times que está todavía en mejor posición la isla de Granada (Grenada, para no confundirla con la provincia española a la que le cantó Agustín Lara), que con 110 mil habitantes conquistó una medalla de oro. Siempre se ha dicho en México que cómo es posible que con el tamaño del país y de su población los resultados sean tan magros. Habría que revisar también países mucho más poblados que fracasaron en estos juegos. India y Pakistán son un claro ejemplo. India, con mil 200 millones de habitantes, ganó dos medallas de plata y cuatro de bronce, Pakistán, con 172 millones, mandó 21 deportistas y no ganaron una sola medalla.
Los cubanos, que eran siempre el mejor ejemplo de organización deportiva, tuvieron su peor Olimpiada en 44 años. ¿Envejeció la revolución y también el sistema deportivo?
Las Olimpiadas de Londres nos hacen volver a admirar a los ingleses tan eficientes, tan ingleses.
Todo salió bien, hasta disfrazar a la reina Isabel de modelo de James Bond. Hay mucho que criticar al movimiento olímpico, pero el mundo es mejor con Olimpiadas que sin ellas. Por lo pronto, México llegará a Río en cuatro años como campeón olímpico de futbol. La fuerza del deporte es tal que dos goles contra Brasil es lo más importante que ha pasado en México este año.
