Participación política de las mexicanas
En pleno siglo XXI, las mujeres siguen siendo más pobres que los hombres y tienen menos oportunidades de satisfacer sus necesidades básicas, desplegar sus capacidades y ejercer sus derechos. Además de lo anterior, sus aportes a la sociedad tanto en la esfera pública ...
En pleno siglo XXI, las mujeres siguen siendo más pobres que los hombres y tienen menos oportunidades de satisfacer sus necesidades básicas, desplegar sus capacidades y ejercer sus derechos. Además de lo anterior, sus aportes a la sociedad —tanto en la esfera pública como en lo que hace al ámbito de los hogares— son desvalorizados, disponen de menos espacios para hacerse escuchar e incidir políticamente.
Las mujeres no sólo tienen menos, también cuentan menos, ya que sufren discriminación económica, social, política y cultural por el solo hecho de ser mujeres. En el ámbito legislativo, según cifras de la Unión Interparlamentaria Mundial (UIP), de un total de 45 mil 110 parlamentarios en el mundo, únicamente 19.4% son mujeres.
La promoción de la participación de las mujeres en los espacios públicos de toma de decisiones ha enfrentado en nuestro país diversos obstáculos que han impedido alcanzar la paridad de género, primordialmente en el ámbito político y legislativo. Los principales instrumentos en la materia han tenido como referente principal las acciones afirmativas y se han enmarcado tanto en instrumentos de política pública fundamentales como en reformas a las leyes y los códigos electorales.
El Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer (CEDAW, por sus siglas en inglés) reconoce que las acciones afirmativas son medidas temporales pensadas como mecanismos compensatorios de la exclusión y subrepresentación femenina, pero que ni las cuotas ni la paridad pueden garantizar la calidad en la representación. Sí facilitan la inclusión y, en virtud de ello, contar con una democracia con mayor representación social.
Resulta incuestionable que necesitamos mujeres que estén interviniendo activamente en todos los temas, especialmente en aquellos prioritarios para el país, no solamente en la agenda de género o en cuestiones asociadas históricamente a las mujeres, como la educación, la salud y los asuntos familiares. En cuanto mujeres, deben ser tratadas como ciudadanas integrales, preparadas para opinar y tomar decisiones sobre temas tan diversos como los financieros, económicos, fiscales, laborales, de comercio o de seguridad nacional.
Los retos de las mujeres en el Congreso no culminan con una elección ya de suyo difícil; por el contrario, se incrementan una vez que ingresan, pues este es un campo relacionado con los hombres, cuyas reglas han sido escritas por ellos. Debe transformarse ese entorno, pero también la forma de actuar de las diputadas y las senadoras, con una participación mucho más activa.
Estamos obligados a dar un paso más y buscar que nuestras representantes se conviertan en legisladoras de gran calidad. Debemos lograr que su continuidad —como la de todos los legisladores en general—, en un sistema democrático como el mexicano, dependa de la voluntad de la ciudadanía que, a través del voto, refrende su confianza en ellas, y no de los partidos políticos.
Necesitamos mujeres líderes en la política, porque son las y los líderes quienes definen la agenda legislativa. Gracias a las mujeres que participaron y ganaron en las pasadas elecciones, México es ya uno de los 12 países en los que las mujeres ocupan 30% o más de los escaños. Los otros son: Noruega, Islandia, Suecia, los Países Bajos, Dinamarca, Finlandia, Austria, Alemania, Argentina, Costa Rica y Cuba.
*Directora general,
Esfera Política.
