Desinformación contra Siria
La información recibida de fuentes tendenciosas debe ser desmenuzada con cuidado y analizada con escepticismo.
Existe una falsa polémica acerca de la situación en Siria y en torno a los hechos de violencia que comenzaron a registrarse el año pasado. La considero falsa, porque si bien es cierto que los gobiernos basados en alguna medida de autoritarismo, tienden a caer en la tentación del rigor excesivo en el manejo de los asuntos públicos e incluso en la intolerancia, no lo es menos que la información recibida de fuentes interesadas, es decir, tendenciosas, debe ser desmenuzada con cuidado y analizada con un indispensable escepticismo.
Finian Cunningham, periodista e investigador británico, especializado en temas de Oriente Medio y África Oriental, una de las voces más respetadas en los medios independientes, ha seguido muy de cerca la llamada Primavera Árabe, extraña mezcla de movimientos populares auténticos y revueltas instigadas por Estados Unidos y sus aliados de la OTAN. Afirma que los grandes medios, las corporaciones internacionales multimedios virtualmente omnipresentes en la prensa, la radio, la televisión y la internet, están empeñados en una ofensiva propagandística de conmoción y pavor contra el gobierno del presidente Bashar al-Assad.
El uso de los medios para promover los intereses de la ambición imperialista y desinformar a la opinión pública, nacional e internacional, hasta lograr el engaño incluso de las personas y las organizaciones más escrupulosas en su apego a la verdad y a la justicia, tiene una larga tradición en Estados Unidos, con los periódicos de William Randolph Hearst como un prototipo. Sería posteriormente perfeccionado hasta niveles que aún hoy son un modelo a seguir, por el ministro de propaganda del régimen nazi, Paul Joseph Goebbels.
Escribe Cunningham: “La desinformación ha sido implacable, monolítica, ajena a toda verificación, unilateral y, francamente, cada vez más absurda”. Al omitir que Washington y Bruselas llevan a cabo una guerra de agresión encubierta contra Siria, la andanada propagandística que cubre a las tres cuartas partes del mundo encontró, además, cauces también disimulados en algunos medios supuestamente alternativos y más creíbles que, contra lo que supone el público, también forman parte de la cadena perversa.
Por ello es falso el debate al que me referí al principio. No es posible equiparar al gobierno sirio con sus agresores; a las fuerzas armadas y de seguridad que defienden a la ciudadanía, incluso a las comunidades cristianas minoritarias, con los grupos, muchas veces de mercenarios, no pocos extranjeros, que se presentan bajo la bandera de la resistencia popular.
Desde mediados de marzo de 2011, cuando ocurrieron los primeros brotes de violencia, rápida y convenientemente equiparados en el Occidente con las manifestaciones de la Primavera Árabe, los medios occidentales ignoraron en forma deliberada las evidencias de una actividad subversiva y terrorista, apoyada de manera subterránea desde el extranjero. El gobierno sirio fue de inmediato satanizado como brutal y autoritario, empeñado en reprimir inmisericordemente a la población civil que exigía reformas democráticas.
No se han regateado epítetos ni acusaciones contra el presidente Al-Assad: desde el supuesto asesinato de civiles inocentes por las fuerzas armadas, hasta la perpetración de matanzas por cuenta de milicias progubernamentales, pasando por atentados autoinfligidos por los servicios secretos en centros urbanos, con el fin de desacreditar a los valerosos “luchadores por la libertad”. Hay, sin embargo, medios internacionales que no aceptan consignas y rasgan la cortina de la desinformación, aun cuando sus esfuerzos, desafortunadamente aislados, no tengan suficiente repercusión en la opinión pública.
Pero Russia Today, Press TV, Der Spiegel, el Frankfurter Allgemeine Zeitung, la Agenzia Fides del Vaticano, entre otros, reflejan lo que ocurre verdaderamente en Siria: una embestida para derrocar a un gobierno que, cualesquiera que sean sus errores, obstaculiza los planes de dominio occidental en la región con las mayores reservas de hidrocarburos y una evidente importancia estratégica. Seguiré con el tema.
