Izquierda y derecha: ajuste completo
El PRI tendrá que demostrar por qué ganó las elecciones y explicar al mundo su regreso a Los Pinos.
Después de las elecciones vienen las responsabilidades de gobierno. En materia internacional hay un trabajo pendiente de urgente realización. México lleva tiempo desentendido del mundo y el mundo de México. No lograron los gobiernos panistas mantener el liderazgo mexicano en Latinoamérica ni mantener la voz mexicana en los foros mundiales.
La imagen de México en el mundo es la de una zona de guerra entre narcotraficantes. Si alguna vez mostrar un pasaporte mexicano en el extranjero provocaba admiración y simpatía, ahora las expresiones son de pésame y condolencia. La explicación que dieron los gobiernos panistas es que el PRI era el culpable de la tragedia. Se dijo al mundo que todos los priistas eran corruptos, mafiosos, traficantes, malos mexicanos.
El PAN/gobierno se dedicó durante 12 años a denostar al PRI. Embajadores, cónsules, representantes y agentes diplomáticos se dedicaron a vender fuera del país el gran triunfo democrático de la llegada del PAN, lo cual era justo y explicable. Lo indebido, por no ser totalmente cierto, es al mismo tiempo haber atribuido al PRI las desgracias nacionales, incluida la responsabilidad del narcotráfico. Cuántos diplomáticos que habían sido voceros de los gobiernos priistas se convirtieron en los críticos más acérrimos de los 70 años de antidemocracia, del autoritarismo del viejo régimen al que sirvieron. ¿Cómo explicarán ahora que el PRI que regresó se hará cargo de la reconstrucción nacional?
No obstante, no todo fue desastre en la política exterior calderoniana. En el recuento quedan aciertos. Uno de ellos es aquel justo reclamo de Calderón a Estados Unidos, en la sede del Congreso. Calderón dijo entonces que respetaba y admiraba la Constitución estadunidense. Refirió a los congresistas que entendía el propósito de la Segunda Enmienda de garantizar a todos los buenos ciudadanos americanos la capacidad de defenderse a sí mismos y a su nación. No obstante este preámbulo políticamente correcto, el Presidente deseaba enfatizar que las armas no estaban utilizándose para el propósito de la Segunda Enmienda. Los datos que dio al Congreso resultaban alarmantes: en los tres últimos años (2007-2009) dijo que se decomisaron 75 mil pistolas y armas de alto poder y más de 80 por ciento provenían de Estados Unidos. Llegó a insinuar que la derogación de la Assault Weapons BAN en 2004 coincide con el momento en que el crimen organizado desafío a las autoridades mexicanas. Advirtió, textual: “Y con todo el debido respeto, si ustedes no regulan adecuadamente la venta de estas armas, nada garantiza que los criminales aquí en Estados Unidos, con acceso a estas mismas armas poderosas, no decidirán a su vez apuntarlas a las autoridades y ciudadanos estadunidenses”. No se tuvo que esperar un año para comprobar la realidad de la observación hecha ante republicanos y demócratas en el Congreso. Con armas provenientes de Estados Unidos, Jaime Zapata, un agente estadunidense, fue abatido en México en la carretera federal más importante del país.
Ahora el tema está en la agenda política de Estados Unidos y es un trend topic de la campaña a la Presidencia de EU.
Si bien este fue un punto ganado, la difusión de México en el exterior fue costosa pero inútil. Fue triste ver al Presidente de México perder su estatura institucional, al convertirse en guía de turistas en aquel Royal Tour que, al mostrar nuestras riquezas y atractivos indudables, también exhibió la pobreza conceptual y la trivialidad de quien gobernó el país dando tumbos.
Uno de los retos para Enrique Peña Nieto será recuperar la dignidad mexicana en el exterior. México es algo más que su violencia. Tarea difícil, pero indispensable, será recomponer la imagen de México en el extranjero. Para ello los signos interiores deben cambiar. El gobierno priista deberá cuidar no atribuir al PAN las desgracias que padecemos. El PRI tendrá que demostrar por qué ganó las elecciones y explicar al mundo su regreso a Los Pinos, de donde nuevamente los opositores tratarán de que salga porque para eso es la democracia.
Por lo pronto, quedan cinco meses muy largos para que se vaya Calderón y cinco meses muy cortos para que llegue Peña Nieto. Uno se prepara para salir, el otro se prepara para ser Presidente. En el camino cayeron cabezas. Los perdedores tendrán que esperar el siguiente episodio y decidir en tanto quién pagará los platos rotos. De hecho, la vajilla completa. Por los resultados que se aprecian, la izquierda y la derecha necesitan ajuste completo de sus motores.
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