Desarme para el desarrollo
Las condiciones ambientales en 2012 agravan el desequilibrio. Los desastres ecológicos parecen interminables.
Hoy comienza en Río de Janeiro, Brasil, la Conferencia de las Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible, conocida también como Río+20, pues tiene lugar 20 años después de la Cumbre de la Tierra que se llevó a cabo en esa urbe brasileña.
La Cumbre de 1992 demostró la estrecha relación entre las amenazas ambientales y el desarrollo. En sus conclusiones, se hizo eco del Informe Brundtland, un amplio estudio socioeconómico elaborado en 1987 para la ONU, por una comisión que encabezó Gro Harlem Brundtland, ex primera ministra de Noruega.
El estudio Nuestro Futuro Común (Our Common Future, en inglés), utilizó por vez primera el concepto del desarrollo sostenible: aquel que atiende las necesidades del presente, sin poner en riesgo las de generaciones futuras.
Trajo consigo un cambio fundamental acerca de la idea de sostenibilidad, principalmente ecológica; y un marco de análisis y planeación con énfasis en el contexto económico y social del desarrollo. Esta idea fue aceptada internacionalmente como “el desafío de la década”. Sin embargo, las apremiantes prioridades referentes a la paz y el desarme, quedaron excluidas.
El desarme para el desarrollo es el reto principal en los tiempos que corren. Durante 2010 el gasto militar mundial ascendió a un billón 630 mil millones de dólares, una cifra que raya en la inequidad, ante la existencia de mil millones de personas que padecen hambre, carecen de agua potable, de servicios de salud y de educación; y millones de habitantes de los países desarrollados se encuentran desempleados. Los Objetivos de Desarrollo del Milenio no podrán alcanzarse mientras el mundo derroche sus recursos en armamento y materiales bélicos.
Las condiciones ambientales y climáticas del planeta en 2012 agravan el desequilibrio. Los desastres ecológicos parecen interminables, la pérdida de la biodiversidad y la destrucción del ecosistema se extienden sin control.
Por otra parte, la crisis económica ha obligado a los gobiernos del mundo a reducir el presupuesto para satisfacer las necesidades humanas básicas y, de nuevo, se afecta a los más débiles y desprotegidos.
En contraste, parecen ilimitados los recursos financieros para la adquisición de aviones militares, tanques, buques, bombas, misiles, minas terrestres y armas nucleares. Los avances tecnológicos en la industria de la muerte son cada vez más sofisticados y destructores. Los arsenales, principalmente los nucleares, que Estados Unidos pretende llevar hasta el espacio exterior, constituyen la mayor amenaza a la existencia de la humanidad.
El principal desafío en 2012 es revertir este proceso. La Oficina Internacional de la Paz (International Peace Bureau, IPB), la Red Internacional de Ingenieros y Científicos por la Responsabilidad Global (International Network of Engineers and Scientists for Global Responsibility, INES); y Política Exterior en la Mira (Foreign Policy in Focus, FPIF), del Instituto de Estudios Políticos (Institute for Policy Studies IPS), han hecho un llamado que cuenta con el apoyo de organizaciones de la sociedad civil de todo el mundo, entre ellas el Círculo Latinoamericano de Estudios Internacionales (CLAEI), con sede en la Ciudad de México.
Los firmantes solicitan que los gobiernos atiendan con seriedad la prioridad olvidada y acuerden un plan global para el desarme. Los fondos liberados deberán ser utilizados para programas sociales, económicos y ecológicos en todos los países. A partir de 2013, el gasto militar deberá ser reducido sustancialmente, es decir, en un mínimo de 10% anual. El objetivo es financiar el desarrollo sostenible, a partir de la creación de un fondo internacional con un capital de más de 150 mil millones de dólares.
El plan, Desarme para el Desarrollo Sostenible, deberá anunciarse en el documento final de la Cumbre de Río y ponerse en práctica bajo la supervisión de las Naciones Unidas. Sin desarme no habrá desarrollo integral, incluyente, verdadero; sin desarrollo no habrá justicia social, igualdad y paz.
Es urgente dar una oportunidad a la sostenibilidad.
