¿Y la política exterior?

La economía y el comercio son importantes, pero una política exterior de principios no se reduce a ellos.

Se acepta, en términos generales, que han sido y son siete los principios básicos de la política exterior mexicana: la autodeterminación de los pueblos, la no intervención, la solución pacífica de las controversias, la proscripción de amenaza o uso de la fuerza en las relaciones internacionales, la igualdad jurídica de los Estados, la cooperación internacional para el desarrollo, y la lucha por la paz y la seguridad internacional.

A partir de la globalización acelerada que ha experimentado el entorno internacional durante las últimas décadas, cobraron fuerza las visiones oportunistas y neocolonialistas de quienes aseguran que dichos principios están rebasados y no pueden, ni deben ser tomados en cuenta en los tiempos actuales. Se trata de una visión reduccionista, absurda, sin sustento real.

En años aún recientes, Bernardo Sepúlveda Amor, sin duda uno de los más grandes secretarios de Relaciones Exteriores en la historia de México, fue protagonista de algunas de las páginas más memorables de la diplomacia mexicana. Fundó mediante una iniciativa apoyada por los cancilleres de  Venezuela, Panamá y Colombia, el Grupo de Contadora, un mecanismo multilateral latinoamericano que buscó la paz en Centroamérica, principalmente en El Salvador, Guatemala y Nicaragua.

También estableció, junto a sus pares de Argentina, Brasil, Colombia, Panamá, Perú, Uruguay y Venezuela, el Grupo de los Ocho, conocido actualmente como Grupo de Río, para promover la cooperación entre los países latinoamericanos. Tuve el privilegio de ser invitado especial a una reunión del grupo en Oaxaca, el 25 y el 26 de junio de 1988.

La política exterior mexicana era activa, propositiva, respetada, escuchada. Era la política de Benito Juárez, al proclamar los valores republicanos y democráticos en su larga lucha contra los conservadores, el clero y la intervención extranjera. La de Lázaro Cárdenas, al apoyar a la República española y recibir a los refugiados que encontraron en México una nueva patria. La misma que abrió las puertas del país a los refugiados centroamericanos y sudamericanos, que fue solidaria con Chile y Salvador Allende.

Otra gran canciller de México, la maestra Rosario Green Macías escribe en la perspectiva de los últimos y vergonzosos años: “En materia de política exterior son muchos los déficits y las oportunidades desaprovechadas que se han acumulado en lo que va de los gobiernos panistas. México se ha mostrado como un país errático, sin prioridades claramente definidas y sin posturas nítidas en torno de los principales problemas internacionales. (…) El gobierno actual ha optado por mantener una política exterior de bajo perfil, prácticamente subordinada a la agenda monotemática de la seguridad y el combate al crimen organizado”.

Me preocupa profundamente, por ello, que los cuatro candidatos a la Presidencia de la República, en su segundo  y último debate el domingo en Guadalajara, hayan abordado el tema a la ligera, sin preparación real. Tres de ellos, Enrique Peña Nieto, Andrés Manuel López Obrador y Josefina Vázquez Mota, parecían pensar que el mundo se reduce a Estados Unidos y la política exterior, a un mero soporte para mirar hacia adentro y para impulsar el comercio y las relaciones económicas. Gabriel Quadri dio la nota diferente, para él, en el globo sólo existe China.

La economía y el comercio son importantes, sin duda, prioritarios, pero una política exterior de principios no se reduce a ellos; los abarca, los incluye. Cierto, China es una gran potencia emergente y hay que volver los ojos a ella, como a otras naciones de Asia. ¿y Europa? ¿y Rusia? ¿y América Latina, cada vez más lejana desde el nefasto sexenio de Vicente Fox? El cada vez más importante grupo BRICS (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica) pudo haber tenido a México como miembro. La ceguera del panismo empoderado lo impidió.

¿Esa ceguera continuará el próximo sexenio, sin importar quién gane la elección presidencial? quiero suponer que no. Como ciudadano, espero mejores definiciones… y ya casi, no hay tiempo.

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