Guerrero, la vida de rodillas

Metla le recibe a uno con una postal de unas 100 casas idénticas construidas por el Fonhapo para familias de la comunidad.

El municipio de Metlatónoc, Guerrero, es sinónimo de pobreza extrema, de miseria, sequía, de muerte lenta, en resumidas cuentas.

Cemento. Por doquier. Metla le recibe a uno con una postal de unas 100 casas idénticas construidas por el Fonhapo para familias de la comunidad. Abandonadas. El camino lo lleva a uno en un trazo de cemento hasta el Palacio Municipal pintado de amarillo, grande. Se escucha en el pequeño valle el sonido de la bocina municipal que tararea lo mismo música de banda que avisos en lengua indígena o en español.

La iglesia es grande, azul. Lista para albergar rezos y paseantes que acuden a Metla a ver de cerca la miseria guerrerense. Los niños se acercan para pedir lo que sea. Le miran a uno con familiaridad, saben que si subes es porque vas a dejar algo.

Doña Lidia se disculpa por llegar tarde adonde se nos ofrecían barbacoa y frijoles. Las tortillas eran enormes, de haber tenido una regla conmigo, las hubiera medido. Nuestra anfitriona se sincera y nos platica su malestar. Venía de una reunión con madres de familia de  dos de las 24 escuelas que hay en el municipio. El orden del día: los desayunos escolares. La mujer se lamentaba de que los niños de esas escuelas no tuvieran el beneficio que les hace llegar el gobierno. El problema: las madres tienen que preparar los alimentos de los hijos para el recreo. Y no quieren. Como parte del programa de combate a la obesidad infantil y la desnutrición, el gobierno decide sacar de la lista a dos grandes: la sal y el azúcar. Sin embargo, se agregaron otros granos y cereales que aporten más calidad nutricional. Las mujeres argumentan que, en tanto no regresen esos dos ingredientes, rehusarán preparar los desayunos calientes para los hijos.

Doña Lidia lamenta que exista tal cantidad de programas dirigidos a lugares como Metlatónoc y que hayan vuelto a nuestra gente cómoda con su subdesarrollo. Procampo, Oportunidades, becas, subsidios, además de las aportaciones de fundaciones de todo tipo. Se vive en medio de un sistema perverso que provoca que la gente no mire hacia adelante porque lo que importa es seguir siendo pobres. Si se avanza, no se recibe, si no se recibe, no se avanza.

Cuando pasamos al tema obligado, la elección presidencial, la mujer me delinea con certeza su tesis que es al mismo tiempo un lamento —mire, güera, aquí mientras no pase nada estamos bien, que llegue el que quiera, a nosotros mientras seamos pobres nos va bien—. Si en Guerrero no hubiera tantos pobres, no hubiera funcionarios ricos. Con otras palabras, pero con la profundidad de análisis de cualquier antropólogo, sólo que con mayor fuerza porque ella es precisamente esa moneda de cambio que se llama miseria que tanto conviene a la voraz cadena del poder, que por lo menos en Guerrero así parece.

            *Servidora pública

         del Poder Legislativo     del Estado de Guerrero.

            Twitter: @jimescobar

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