Leyes y democracia
La cultura de la legalidad puede ser medida.Es el contraste entre lo que la norma dicey lo que en la realidad acontece.
La conquista —y así debemos llamarla— de los derechos políticos de la mujer ha sido azarosa y difícil, pero siempre caracterizada por su perseverancia. A lo largo de nuestra historia las mujeres hemos trabajado y hemos ganado a pulso los espacios ahora ocupados en la vida política nacional.
Aun cuando se ha avanzado mucho en crear y reformar leyes, eso no implica que éstas sean cumplidas a cabalidad. Al respecto, mi paisana Rosario Castellanos escribió en Oficio de tinieblas:
“México había hecho de la ley un ídolo al cual reverenciar y no un instrumento útil para servirse de él. Pero no puede serlo si el legislador, al redactarlo, no tiene en cuenta los datos concretos de la realidad a la que pretende regir”.
Rosario identifica con claridad el problema. El marco jurídico efectivamente ha evolucionado y se han ampliado nuestras posibilidades de acción, pero no podemos caer en la ingenuidad de creer que, al modificar leyes, la realidad se transformará con la misma velocidad.
Cambiar la cultura política es una tarea que lleva mucho tiempo.
Erradicar actitudes y conductas es parte de un largo proceso. Por eso las mujeres
tenemos ahora la tarea de conseguir que las normas jurídicas aterricen
por fin en nuestra terca
realidad. Es preciso sembrar en la conciencia, con denuedo cotidiano, los deberes de ciudadanas y ciudadanos.
La democracia solamente se perfecciona mediante la participación responsable, asumiendo actitudes de reclamo y de protesta, porque es precisamente en la inconformidad donde se van mejorando las instituciones para que todo el conjunto dé resultados positivos. Hacer que la democracia demuestre que es el mejor de todos los sistemas políticos exige un Estado de derecho vigoroso. Leyes y democracia son complementarias. Una democracia sin un marco jurídico emanado de un proceso con representatividad política es inconcebible.
La democracia permite la participación de todos, hombres y mujeres, en la toma de decisiones, pero de ninguna manera garantiza que las decisiones sean acertadas. Por eso la democracia tiene la cualidad de saber corregir sin caer en la violencia. A mayor transparencia, mayor compromiso; a mayor rendición de cuentas, mayor exigencia de responsabilidades; a mayor demanda ciudadana, mayor compromiso de las autoridades para cumplir con sus obligaciones.
Sí, hemos avanzado, pero el perfeccionamiento democrático es una tarea que no tiene fin porque uno de los ingredientes de la democracia es que siempre puede ser mejorada. Es en este contexto que se dan las acciones afirmativas que son subsidiarias y perentorias para que, al final del camino, éstas ya no sean necesarias ante el empuje de las mujeres ocupando espacios y cargos de responsabilidad en los que demuestren sus habilidades y capacidades.
La cultura de la legalidad puede ser medida. Es el contraste entre lo que la norma dice y lo que en la realidad acontece. En la medida que esta brecha vaya disminuyendo, tendremos una convivencia más armónica. En la medida que logremos identificar en nuestra realidad lo que las normas dictan, constataremos que estamos avanzando en nuestros propósitos.
*Ex diputada federal
por Chiapas.
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