Vicepresidentes

No se sabe quién acompañará a Obama como candidato vicepresidencial. Es la incógnita de la campaña en EU.

Todo indica que Obama enfrentará a Romney en las elecciones presidenciales. Lo que no se sabe es quién acompañará a Obama como candidato vicepresidencial. Es la incógnita de la campaña. La vicepresidencia es una institución crucial en la política estadunidense. La mera expectativa de que falte el presidente hace del VP un personaje central. Es algo más que un gran cuervo al acecho.

Ocho vicepresidentes han asumido el cargo por este arreglo constitucional con motivo de la muerte del Presidente. El más reciente y notable fue Lyndon B. Johnson, un verdadero animal político, en el sentido aristotélico del término. Johnson dejó conscientemente, a cambio de la vicepresidencia, un cargo más importante como líder del Senado, ante la expectativa, poco probable, de que faltara Kennedy, para sucederlo, como finalmente aconteció. El único vicepresidente que asumió la presidencia por renuncia fue Gerald Ford, quien jamás fue electo por el pueblo, solamente por el dedo de Nixon. Además de ser el pitcher de relevo, en caso de urgencia, el vicepresidente en Estados Unidos preside el Senado en el poco probable caso de juicio político (impeachment) de algún funcionario público. Sus funciones son casi decorativas y su actuación está marcada por estar siempre en segundo lugar: su esposa es la “segunda dama” del país, dispone de una buena casa oficial ( la segunda) en Washington DC y también tiene segundo avión (Air Force II). Los Kennedy, John F. y Robert, le regateaban al vicepresidente texano, a quien despreciaban por sus maneras vaqueras, el acceso al avión presidencial (Air Force I). La segunda posición del vicepresidente lo pone en la antesala de la Presidencia, no solamente en caso de falta del Presidente, sino políticamente. Nixon fue vicepresidente de Eisenhower, Al Gore de Clinton y casi le gana a Bush.

En México la vicepresidencia dejó de existir a partir de la Constitución de 1917. Había servido para dividir aún más a los mexicanos en el siglo XIX. Son incontables los episodios de intrigas alrededor de la vicepresidencia mexicana. El diseño constitucional era pernicioso. Conforme a las reglas de la Constitución de 1824 el candidato ganador en las elecciones ocuparía la Presidencia mientras el candidato en segundo lugar ocuparía la vicepresidencia. De haber subsistido ésta, imaginemos qué pasaría si Enrique Peña Nieto ganara y tuviera como vicepresidente a Andrés Manuel López Obrador, o al improbable, pero no imposible caso de que sucediera al revés. No existe vicepresidencia en México, pero tampoco una solución efectiva en caso de ausencia del Presidente. Asunto de la mayor relevancia que a ningún candidato le preocupa.

La solución constitucional deberá formar parte de la agenda legislativa del próximo Congreso. No puede el país quedarse indefinidamente sin titular del Poder Ejecutivo ante la eventual falta del Presidente. Miguel de la Madrid, que además de presidente fue constitucionalista, propuso una solución como la que impulsó Porfirio Díaz en 1904: Un vicepresidente integrado a la fórmula presidencial para evitar los conflictos del siglo XIX. Sin embargo, las ambiciones matan los diseños académicos. Mucho más sensato sería que en tanto el Congreso convoca a elecciones, un funcionario previsto en la propia Constitución ocupe interinamente la Presidencia. ¿ Qué funcionario? ¿El líder del Senado? ¿ El de la Cámara de Diputados? ¿ El presidente de la Suprema Corte? Asunto para la agenda que viene.

Obama tendrá que resolver si mantiene a Biden. Si continúa enmendando las ocurrencias del vicepresidente a quien “lo vence el corazón” en asuntos delicados o decide por una súper candidata vicepresidencial como Hillary Clinton. Eso le daría la salida a Obama para que Biden sea el sucesor de Clinton en el Departamento de Estado. El gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, ha sido mencionado también como posible compañero de fórmula de Obama. Cualquiera de los dos, Clinton o Cuomo, le aportarán más votos a Obama que a Biden. Un asunto que deberían decidir las encuestas. No obstante, faltan dos cosas: si el Presidente acepta llevar a Hillary como su segunda y si Hillary —alguna vez primera dama— ya electa vicepresidente acepta ser solamente la segunda bailarina en escena.

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