Otro mundo es posible

El único acuerdo en la Cumbre de la OTAN fue que no están de acuerdo en cuanto a la salida de las tropas de Afganistán

CHICAGO.— La Cumbre de la OTAN terminó en esta ciudad con una aparente manifestación de solidaridad en torno al presidente Barack Obama y el gobierno de Estados Unidos. Reflejo de la intención globalizadora de la otrora alianza atlántica, convertida en policía del mundo y ejército transnacional al servicio de Washington y sus aliados europeos, fue la asistencia de algunos invitados especiales, como Jordania, Armenia y Qatar.

En realidad, el único acuerdo fue que no están de acuerdo: ni en cuanto a la salida de las tropas de la OTAN que han ocupado Afganistán durante diez años, pues algunos quieren que sea rápida y definitiva, otros, gradual; y el gobierno estadunidense la prefiere fingida: dejará tropas para “entrenar” a los afganos, así como fuertes contingentes de mercenarios integrantes de las empresas privadas de seguridad.

La sociedad civil llevó a cabo una Contracumbre por la Paz y la Justicia Económica, el viernes 18 y el sábado 19, en The People’s Church, a la que asistieron organizaciones de todo el mundo, para dar testimonio del surgimiento de un movimiento global contra la guerra, el militarismo, la desigualdad y la pobreza, que representa a la mayoría de los habitantes del planeta, 99% global.

La pobreza, la desigualdad y el militarismo son formas de violencia que constituyen un círculo vicioso, el cual debe ser roto definitivamente para la supervivencia de la humanidad. Cada uno de esos males se alimenta de los otros; todos deben ser desafiados. Los tres se encuentran dentro de la OTAN, una alianza militar vinculada con los intereses de varias de las naciones más ricas y poderosas.

En la Contracumbre se alzó la voz para decir que es preciso “oponernos a las guerras, abrazar la paz y exigir que la compulsión imperial sea remplazada por la comprensión de nuestra interdependencia global y el florecimiento de una verdadera democracia, que promoverá a su vez una mayor inclusión, equidad y justicia para todos”.

La búsqueda de una visión alternativa para un mundo más pacífico está ligada inextricablemente a la justicia económica, social y ambiental. El militarismo sostiene y consolida sistemas económicos nacionales e internacionales injustos y representa uno de los principales obstáculos para solucionar los más apremiantes problemas del mundo.

El incremento de los presupuestos militares con el pretexto de salvaguardar la paz es una ofensa a los pueblos que carecen de lo mínimo indispensable para vivir con dignidad. La OTAN, que nunca ha sido una alianza defensiva, ha invadido países distantes de sus miembros, como Afganistán y Libia, con efectos desastrosos; se ha extendido hasta las fronteras de Rusia, con lo que provoca la amenaza de una nueva carrera de armamentismo nuclear y pretende llegar aún más lejos, hasta África, Asia Oriental y el Pacífico.

Puesto que Estados Unidos es la fuerza principal en la OTAN, América Latina se ve asimismo amenazada por la alianza. Y la decisión adoptada en Chicago, de mantener la opción nuclear como un recurso válido en caso de conflicto, afecta al futuro de la humanidad, a su misma supervivencia y a la ecósfera.

Los presupuestos militares cada vez más generosos y las guerras que implican, junto a las políticas de austeridad promovidas por el G8, canalizan más riqueza para 1% global; y la privatización y el deterioro de los servicios públicos es causa del desempleo en aumento y de un declive constante en la calidad de vida de los seres humanos.

El militarismo impulsa, además, la globalización corporativa, en busca del control de los recursos naturales, las tierras y los mercados; y subvierte la democracia y los derechos humanos. Es el impulso nefasto para que los trabajadores migratorios salgan de sus países en busca de una vida mejor. Genera enormes ganancias mediante la venta de armas a todas las partes interesadas.

Otro mundo es posible y necesario. Con paz, justicia económica, una nueva dimensión de la seguridad humana, igualdad entre las naciones, fin de las ambiciones imperiales. La OTAN intenta evitarlo. La Contracumbre lo propuso y lo promoverá.

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