Situación de la mujer respecto de la política
Durante muchos siglos los hombres han dominado la arena política, han estipulado reglas de juego y han definido parámetros para evaluar las actuaciones. En el siglo XX, en casi todos los países, la mujer consiguió el derecho de sufragio activo y pasivo. Sin embargo, la ...
Durante muchos siglos los hombres han dominado la arena política, han estipulado reglas de juego y han definido parámetros para evaluar las actuaciones. En el siglo XX, en casi todos los países, la mujer consiguió el derecho de sufragio activo y pasivo.
Sin embargo, la paridad en la política aún no es una realidad. Las mujeres están infrarrepresentadas en la toma de decisiones (partidos políticos, parlamentos, gobiernos y diferentes órganos de decisión regionales y locales). Constituyen aproximadamente la mitad de la población de todos los países y, sin embargo, el porcentaje promedio mundial de mujeres en los parlamentos nacionales es solamente de 19.1 por ciento.
A pesar de los cambios, la igualdad entre el hombre y la mujer en la política sigue siendo un objetivo a conseguir. La situación de la mujer todavía continúa presentando significativos agravios en términos de barreras, falta de oportunidades y subordinación.
Simone de Beauvoir, en 1949, en El segundo sexo, examinó las diferentes particularidades de la opresión masculina. En esta obra escribió aquello de que “no se nace mujer, se llega a serlo” para subrayar que la condición femenina no es solamente un efecto del azar biológico, sino principalmente el resultado de la socialización de las mujeres y de un prolongado y complicado aprendizaje social.
A partir de los años 50 se desarrolla la investigación empírica sobre las diferencias entre hombres y mujeres respecto a la política. Se puede esquematizar su desarrollo:
Modelo tradicional: considera el sexo como una de las variables explicativas de la actividad política, junto a la edad y a la clase social. Parte de una concepción limitada de participación política, restringida a la afiliación a organizaciones políticas formales, ocupación de cargos políticos, la actividad en campañas electorales y el voto. Los hombres se muestran más activos que las mujeres por la diferente socialización recibida.
Modelo radical: aparecen nuevas formas de participar y actuar políticamente (organizaciones vecinales, de padres y madres de alumnos, grupos de protesta, movimientos sociales, etcétera). Las mujeres no participan menos que los hombres, sino que siguen patrones diferentes de participación política. Se acusa a la sociología y a la ciencia política de deformar la realidad, por recurrir a parámetros esencialmente masculinos.
Modelo revisionista: habla de la pérdida de trascendencia de la variable sexo en la participación política. Estima que se han desorbitado las diferencias y minimizado las similitudes. Se ha partido de estereotipos asumidos y señala la necesidad de romper con la idea de la existencia de dos grupos sociales: el masculino y el femenino. Desde esta perspectiva, los cambios sociales producidos en la forma de vida de las mujeres (aumento de niveles educativos y acceso al mercado de trabajo) conllevan a una equiparación de sus actividades con los hombres, lo que representa la necesidad de atender a otras variables para explicar las disparidades en las actitudes y los comportamientos políticos.
Actualmente encontramos interés en los conceptos de ciudadanía, diversidad y democracia, que proporciona amplitud de miras en el análisis de la participación política a nivel empírico y en la investigación social. El pluralismo y la diferencia son elementos esenciales de las democracias occidentales. Habría que partir de la consideración del sexo como una variable de posición social, que tiene valor explicativo, pero que no es la única y ni siquiera la más importante.
*Universidad de Murcia.
Artículo tomado de: https://www.uv.es/garzon/psicologia%20politica/N42-1.pdf
