Los pueblos ante el poder
La voz de los pueblos tendrá que ser un contrapeso cada vez más efectivo contra las ambiciones hegemónicas de los poderosos.
El 20 y el 21 de mayo, en Chicago, Estados Unidos, tendrá lugar la Cumbre de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), que tras haber quedado como un obsoleto remanente de la Guerra Fría, se transforma de manera acelerada en una alianza global, militarista, intervencionista y criminal, cumplidora incondicional de las directrices de Estados Unidos y sus aliados europeos occidentales.
La globalización de la OTAN afecta de manera directa a América Latina, no únicamente porque conforme al Tratado de Washington, su carta fundacional, las instalaciones y recursos militares de uno de sus integrantes están a disposición de los demás en caso de ser requeridas; por lo cual las bases estadunidenses en territorio latinoamericano lo son simultáneamente de la alianza; sino habida cuenta de la presencia de bases e instalaciones militares del Reino Unido en las islas Malvinas, las Georgias y las Sándwich del Sur, usurpadas a la soberanía de la República Argentina.
El abandono del área geográfica inicial de la OTAN y su cada vez más ominosa presencia en el mundo, puede confirmarse al leer la lista de las naciones que estarán representadas en Chicago.
Además de Estados Unidos y sus aliados europeos, harán acto de presencia una centroamericana, El Salvador, así como Albania, Australia, Japón, Bahréin, Malasia, Mongolia, los Emiratos Árabes Unidos, Corea del Sur, Tonga…
La sociedad civil internacional, por medio de las organizaciones que la representan y cuya fuerza es el imperativo ético de promover la paz, el desarme, la justicia social, la equidad entre las naciones y entre los seres humanos, la solución pacífica de los conflictos y el imperio de una democracia incluyente, eficiente y participativa, hará acto de presencia en una Chicago que estará punto menos que bajo estado de sitio.
El alcalde Rahm Emanuel tuvo que ser presionado desde los cuatro puntos cardinales, por medio de mensajes y de un desplegado de una página en el diario The Chicago Tribune, firmado, con organizaciones de todo el mundo, por el Círculo Latinoamericano de Estudios Internacionales (CLAEI) en representación de América Latina, para dar marcha atrás en una serie de medidas represivas, encaminadas a impedir toda nota discordante que pudiese incomodar a los poderosos.
Aun así, la amenaza sigue vigente: miembros de los cuerpos policiacos han dado a conocer a las organizaciones de la sociedad civil que tienen la orden de recurrir a la fuerza sin contemplaciones para impedir la protesta de los pueblos ante la arrogancia de quienes pretenden controlar el mundo y someter a sus designios a la cada vez más impotente Organización de las Naciones Unidas (ONU).
Los días 18 y 19, en la Iglesia del Pueblo (People’s Church), se llevará a cabo la Contracumbre por la Paz y la Justicia Económica, cuyos principales ejes serán la OTAN, la globalización, la paz, la justicia y el futuro. El sábado 19 de mayo, de las 11 de la mañana a las 12:45 de la tarde, tendrá lugar una mesa de discusión acerca del intervencionismo militar de Estados Unidos y la OTAN en América Latina, organizada por el CLAEI.
Al mediodía del 20 de mayo, tendrá lugar una gran marcha, encabezada por los Veteranos de Irak Contra la Guerra, que terminará en una ceremonia donde los veteranos de Afganistán regresarán sus medallas a la OTAN, mientras miles de manifestantes serán testigos y les bridarán su apoyo entusiasta. El mundo entero podrá contemplar esta acción de enorme valor ético.
Antes de la marcha, habrá una concentración en Petrillo Bandshell, en la esquina de Jackson Boulevard y Columbus Drive, donde harán uso de la palabra representantes de todo el mundo, incluidos el reverendo Jesse Jackson, la coronela Ann Wright y dirigentes y militantes de organizaciones de la sociedad civil, incluido el CLAEI.
La voz de los pueblos tendrá que ser un contrapeso cada vez más efectivo contra las ambiciones hegemónicas de los poderosos, que no solamente imponen su dominio por la fuerza, sino despojan a los demás de los recursos esenciales para una vida digna, en justicia y paz.
