Hollande, ¿peligro para Francia y Europa?
Sarkozy ha dicho que su contrincante es incompetente, débil, inútil e inexperto.
Sólo un milagro impediría que François Hollande no sea el próximo presidente francés. Sólo que en política los milagros no existen. Al menos eso advierten las encuestas. En un desesperado afán por bajarlo del caballo, la campaña francesa ha entrado en una fase sórdida y mezquina. Lo menos que se escucha son acusaciones de mentiroso y hasta de imbecilidad. Sarkozy ha dicho que su contrincante es incompetente, débil, inútil, inexperto y mentiroso de mañana a noche. Le pregunta a los electores: ¿Podrían decirme que ha logrado hacer Hollande en política los últimos 30 años?
Las cosas han llegado lejos. El insulto de un legislador francés a la compañera de Hollande, Valerie Tierweiler, al mencionarla como Valerie Rottweiler, en alusión a los bravos perros de pelea que aparecen precisamente en la película Amores Perros. Así como amor perro se asemejan ahora los amores políticos franceses. Lionel Luca, legislador ligado a Sarkozy dijo que esa confusión de apellidos Tierweiler por Rottweiler no le resultaba grata al perro.
Como reacción, los partidarios de Hollande han ido contra Sarkozy. Lo menos que le dicen es fascista. Sarko responde que ser tildado de fascista por un comunista es un halago. Su estrecha liga con la canciller alemana, Angela Merkel, ha motivado duros ataques de “colaboracionista” con Alemania. Las heridas de la Segunda Guerra Mundial no han cerrado. Sarkozy fue acusado por el candidato de la extrema izquierda Jean-Luc Mélenchon de seguir palabra por palabra declaraciones de Pierre Laval, colaboracionista con el régimen nazi y ministro durante el gobierno de Vichy. (Mélenchon hizo una campaña muy moderna. Sugiero a mis amigos lectores ver un promocional muy atractivo en YouTube: https://www.youtube.com/watch?v=1LMEvmVplxY&feature=share)
Sarkozy cometió un grave error al referirse despectivamente al vrai travail (trabajo verdadero): en alusión al trabajo parasitario de burócratas y jubilados que reciben asistencia pública, grupo que favorece a Hollande. La expresión fue utilizada hace 70 años por Petain, el presidente del Consejo de Ministros durante la ocupación alemana y quien fue procesado por traición al término de la guerra. Sarkozy tuvo que admitir públicamente que la alusión había sido un grave error y pidió disculpas.
No ha pedido disculpas, sin embargo, de otra acusación más seria. El sitio de internet Mediapart ha publicado evidencia documentada de que el malogrado Muammar Gadhafi entregó 50 millones de euros en apoyo a la campaña de Sarkozy en 2007, lo que en Francia es ilegal. Esta acusación fue desmentida con el proverbial sarcasmo de Sarkozy, al decir que, de ser cierta la imputación, no había resultado ser muy agradecido con el líder libio, a la luz del papel del presidente francés en impulsar a las fuerzas de la OTAN para derribar a Gadhafi.
Cierto o falso, el tema está presente en la prensa y más relevante en la mente de los electores franceses, cuya mayoría no soporta la antipatía sarkoziana. El célebre Strauss-Kahn, defenestrado por sus devaneos con la camarista de un hotel en Nueva York, lame sus heridas y acusa a Sarkozy de haber orquestado el número de Manhattan para evitar que fuera el candidato socialista. La retirada de Strauss-Kahn permitió a Hollande encabezar a los socialistas y estar ya muy cerca del triunfo electoral.
Los dos contendientes son totalmente distintos. El socialista Hollande es reservado, mientras Sarkozy es hablador; aquel es reflexivo en tanto su oponente es arrebatado; Hollande es simpático mientras Sarko es odioso. Le gusta escuchar a la gente mientras el presidente se impacienta y es brusco con las personas comunes y corrientes. Hollande ha marcado distancia de los muy ricos, mientras que Sarkozy pretende ser su representante. Coinciden en que ambos tienen 57 años.
Los jóvenes franceses piensan que se trata de una disputa entre “dos abuelitos” por ver quién se queda con Francia. No obstante esta percepción juvenil, si bien el futuro de Francia está en juego en la elección, de igual manera la próxima elección afectará a Europa en un momento crucial. The Economist considera que Francia es central como el país en medio de los prudentes países del norte frente a los irresponsables del sur, que gastan lo que no tienen. Francia está en medio de los acreedores y los deudores. Si Francia llegara a estar en problemas, el futuro del euro estaría en peligro. Alemania no quiere a Hollande y la canciller Merkel, la gran amiga de Sarkozy, está aterrada y ha hecho campaña en contra del socialista. Si bien no han querido divulgar la idea de que Hollande es un peligro para Francia y peor aún para Europa, la revista británica ha titulado su editorial de esta semana como The rather dangerous Monsieur Hollande. No obstante, todo indica que al contrario de lo que aconteció en México cuando se dijo a instancia panista hace seis años que López Obrador era un peligro, los franceses votarán esta vez por el socialista, así sea nada más para ver caer a su insoportable presidente.
