México y Francia, cercanías electorales

Como sucede en México, la elección francesa estará marcada por la antipatía que representa alguno de los candidatos.

François Hollande ganó la elección preparatoria francesa del domingo pasado. En consonancia con las encuestas, derrotó por un pequeño margen al presidente Sarkozy. Ahora ambos irán a la elección definitiva el 6 de mayo. El pronóstico es que Hollande repetirá el triunfo a menos que la extrema derecha se movilice de tal manera que haga ganar al presidente. Es la primera ocasión en que el Presidente en funciones no ocupa el primer lugar en la elección previa, lo que es un pésimo augurio para Sarkozy.

François Hollande no ha ocupado cargo ministerial, aunque eso no obstaría para resultar vencedor en las elecciones definitivas. El mejor activo de su candidatura es la antipatía natural que provoca Sarkozy. Un poco como sucede en México, la elección francesa estará marcada no tanto por el valor de las propuestas de los candidatos, sino por la antipatía que representa alguno de ellos. En mayo no se votará por Hollande, sino en contra de Sarkozy. Al mismo tiempo, quienes voten por Sarkozy lo harán para evitar que Hollande, un personaje atípico llegue al Palacio del Elíseo.

Las encuestas francesas muestran otra similitud con la actitud mexicana de estos días electorales: el gran número de abstencionistas potenciales (23%) y de indecisos (20%). Una de las encuestas (CSA) señalaba que si bien Hollande obtendría alrededor de 30% de los votos en la primera vuelta, mientras Sarkozy obtendría 26.5%, solamente 38% de los partidarios de Hollande lo hicieron por estar convencidos de que es el mejor, mientras 60% reconoce que votarán por Hollande para que no gane Sarkozy. Las cifras reales del domingo fueron muy cercanas: Hollande (28.5%) y Sarkozy (27.1%). Entre las filas de Sarkozy, 41% de los conservadores le darán su voto, mientras que 57% votarán por él, simplemente para evitar que llegue Hollande.

En Francia se ha dado un fenómeno similar a lo que sucede en México: los electores cambian a menudo de opinión. Según Le Monde y organizaciones francesas, casi la mitad ha cambiado su idea de voto durante el proceso. Con base en una encuesta a cuatro mil personas, el cuerpo electoral francés está dividido en dos: 52% de los electores permanecerán fieles y el resto son los indecisos que no saben si votar o abstenerse y otros lo que cambiarán de opinión respecto del candidato al que le darán su voto.

La revista de The New York Times publicó un artículo sobre la personalidad o ausencia de la misma de Hollande. El artículo remata con una reflexión interesante. Nadie parece creer que él pueda tener las condiciones para ser presidenciable. Esto supone, además de la preparación, la inteligencia, las tablas y la imagen, se requiere algo más. En México, eso que podría definirse como ser presidenciable, lo tuvieron Francisco I. Madero, Lázaro Cárdenas, Miguel Alemán, Adolfo López Mateos y José López Portillo antes de su desmoronamiento moral. En Francia se decía que François Mitterrand era un gran presidente. Solamente que antes de la elección el socialista era visto como un viejo, arcaico y mal vestido. La investidura lo hizo todo. Lo mismo le puede suceder a Hollande, como él mismo lo declaró: en el momento de la investidura encarnará a la misma Francia y eso cambiará todo.

¿Será Hollande el elegido el 6 de mayo? Eso parece que será, pero falta ver cómo se comportará el electorado. De ganar Hollande se recuperará la “relación normal” entre México y Francia. Por lo pronto su enviado ha declarado que se volverá a organizar el Año de México en Francia que anuló Nicolas Sarkozy, al dedicárselo a Florence Cassez. Nuevos tiempos para Francia, problemas muy serios que enfrentar en Europa. Si gana probablemente vendrá la recomposición de la relación México-Francia, altamente apreciada por los mexicanos por la admiración que provoca su esplendorosa cultura. 

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