El Rey, Mateo y el elefante

La última noticia sobre el accidente del Rey lo sometió, no sólo a una operación, sino a la opinión global.

Los reyes de España han jugado un papel crucial en la historia. Conquistaron y perdieron buena parte del mundo. Engrandecieron y empobrecieron a España y sus colonias. En nuestros tiempos, Juan Carlos de Borbón fue el eje de la transición española, tan admirada por los países que quisieran un arreglo político que diera vida a una nueva nación, como ocurrió en España.

Juan Carlos ha sido clave en consolidar la idea de la nueva hispanidad sustentada en ideas, instituciones y cultura. No en el dominio de la fuerza. Ha sido crucial en representar a España frente a las naciones de la comunidad histórica. Su estatura política le ha permitido hasta regañar públicamente a mandatarios latinoamericanos, como sucedió con Hugo Chávez (“¿Por qué no te callas?”). Ha cautivado a otros, cuando expresó públicamente en México su admiración por la Biblioteca Palafoxiana en Puebla, que entonces Héctor Azar le mostraba.

Se sabe que al rey le gustan las aventuras. Se rumora que en sus años jóvenes se escapaba de los guardias para pasear en motocicleta por las calles de Madrid, detenerse en algún bar para charlar con los parroquianos. La última noticia sobre su accidente y verse sometido, no solamente a una operación de emergencia, sino a la opinión global, puso al descubierto, no obstante, la vocación del Estado español por la biodiversidad, la sustentabilidad ecológica y la protección de las especies animales: que el rey es un consumado cazador.  La fotografía que ha dado la vuelta al mundo mostrando como trofeo un enorme elefante que sonríe a pesar de estar muerto por las balas reales no ayuda a distender la nueva crisis de la Casa Real española.

Además del escándalo de su yerno por aprovecharse de su posición como miembro de la Casa Real, en estos días su nieto se dio un balazo accidentalmente con un rifle cuyo uso está restringido, según la reglamentación española.

El rey no es una mera figura decorativa. Las facultades y obligaciones que le impone la Constitución lo hacen una pieza clave de la política española. El asunto del elefante no es solamente buen motivo para las revistas del corazón o de la vida salvaje. Es un asunto de Estado.

El rey en España es el jefe de Estado, símbolo de su unidad y permanencia. Es el árbitro de funcionamiento de las instituciones y tiene la más alta representación en las relaciones internacionales. Su persona es inviolable y no está sujeta a responsabilidades. Esta disposición constitucional lo exime de rendir cuentas.  Además, el rey recibe de los presupuestos del Estado una cantidad global para el sostenimiento de su familia y casa. Esa cantidad la distribuye libremente.

De tal manera que técnicamente el rey puede tomar un avión privado, dirigirse a África y matar elefantes si eso lo hace feliz. Lo que sucede es que España no está para tal dispendio y frivolidad. Por ahora, además de la preocupación por la salud del rey, la monarquía española entra al debate.

La organización World Wildlife Fund (WWF) tiene filial en España de la cual el rey Juan Carlos es presidente honorario. Una de las preocupaciones de esta agrupación es la conservación de grandes especies. Dice WWF España en su página de la red (https://www.wwf.es/que_hacemos/especies/) que actualmente trabajan protegiendo, entre otras especies, precisamente a los elefantes que mata el rey. Por lo pronto, han decidido enviar al monarca las numerosas críticas que reciben por tener en la presidencia de la organización a un consumado cazador de paquidermos.

El respeto al rey y la corrección política hará que el asunto se lleve amablemente. No obstante, la corona está abollada. No parece muy sensato que el rey dedique tiempo, dinero y esfuerzo a unas aventuras arregladas en que matar un elefante resulta más seguro que caminar por las calles de Madrid.

Se ha difundido que la puesta en escena para la cacería no sólo ha incluido elefantes, sino que en alguna otra ocasión el rey cazó a un oso borracho en Rusia. Esto último fue desmentido por la Casa Real.

Tres periodistas que caricaturizaron al rey por este hecho fueron acusados de injurias a la Corona. Dos años duró el proceso penal hasta que fueron absueltos.

Mi nieto Mateo de siete años, descendiente de españoles, al ver la fotografía que muestra al elefante que mató el rey, me preguntó: ¿Abuelito: qué el rey no está para evitar que maten a los animales?

La Constitución española dice que el rey no tiene responsabilidad, disposición que no debería significar que sea un irresponsable.

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