Leah Bolger, veterana por la paz
Su admirable organización de ex combatientes de Estados Unidos considera a la guerra como un crimen.
Se llama Leah Bolger. Es una mujer cincuentona, delgada, de facciones finas, cabello rubio entrecano. Alcanzó el grado de comandante en la Armada de Estados Unidos y estuvo en servicio activo durante 20 años, en Islandia, las Bermudas, Japón y Túnez. Es la presidenta de Veteranos por la Paz, una ejemplar y admirable organización de ex combatientes estadunidenses que consideran a la guerra como un crimen y afirman que la codicia del complejo militar-industrial estadunidense, está basada en el asesinato y la destrucción.
La comandante en retiro Bolger deberá comparecer ante un tribunal el jueves 12 de abril, porque el 26 de octubre del año pasado interrumpió una audiencia pública del Comité Unido Selecto sobre Reducción del Déficit, conocido comúnmente como el Supercomité, en el Senado de Estados Unidos.
Tranquilamente, con un lenguaje claro y directo, Bolger logró hablar durante casi un minuto, antes de que la policía la escoltara fuera del salón de sesiones y procediera a su arresto. La ex militar acusó al único testigo al que se le tomaba declaración ese día, el director de la Oficina de Presupuesto del Congreso, Douglas Elmendorf, de manipular los auténticos montos del gasto militar; e instó al Comité a la adopción del plan del pueblo para reducir el déficit: poner fin a las guerras y aplicar impuestos equitativos a los ricos.
La ex comandante naval se graduó en la Escuela de Candidatos a Oficiales de la Armada en Newport, Rhode Island, en 1980. Además de cumplir con el servicio activo, estudió una maestría en seguridad nacional en el Colegio Naval Militar en 1994 y fue becaria militar en el Programa de Estudios de Seguridad del prestigioso Instituto Tecnológico de Massachussetts, en 1997.
Bolger plantea una serie de consideraciones acerca de valores éticos, que debería servir como guía para el pueblo estadunidense y sus representantes y gobernantes. Ella, como los Veteranos por la Paz en general, ha sido testigo de la realidad de las guerras de agresión, injustas, inmorales, rapaces, cuyo objetivo real es controlar los recursos estratégicos alrededor del mundo e imponer la hegemonía de Estados Unidos y sus aliados de la OTAN. Ha declarado acerca de la intervención en Afganistán:
“Civiles inocentes son asesinados por los militares estadunidenses de manera rutinaria, tan rutinaria que incluso ya no es noticia. No importa que las muertes sean producto de un soldado con trastornos mentales, o de proyectiles disparados por un avión no tripulado. Al intentar explicaciones o justificaciones para estos incidentes desafortunados, evitamos enfrentarnos al problema de fondo: el hecho de que durante diez años Estados Unidos ha librado una guerra ilegal de agresión contra un país soberano. Albert Einstein dijo: estoy convencido de que matar bajo la túnica de la guerra, no es sino asesinar”.
El conocido luchador social estadunidense Ralph Nader, famoso por sus batallas en favor de los consumidores y adalid del humanitarismo y del gobierno realmente democrático, miembro de Veteranos por la Paz, aplaudió el valor cívico de Bolger y comentó que el gobierno estadunidense “es disfuncional, trabaja para los intereses de las grandes empresas más que para satisfacer las necesidades del pueblo. Bolger demostró lo que pueden hacer pacíficamente los ciudadanos activos: enfrentarse frontalmente a la corrupción y asegurarse de que la opinión pública sepa lo que realmente está ocurriendo. Merece reconocimiento por ello”.
Leah Bolger participó en la Ocupación de Washington, DC, por el movimiento de resistencia civil, en la Plaza de la Libertad (Freedom Plaza), para protestar por las actividades del Supercomité, con audiencias de su propio
Supercomité de los Indignados, que dio a conocer un informe.
Mediante recortes al gasto militar e impuestos a los ricos, es posible alcanzar en dos años las metas deficitarias establecidas por el presidente Barack Obama y el Congreso para un plazo de diez; y además, asignar fondos a un programa de empleos, condonar la deuda estudiantil y garantizar los programas sociales.
