Los “tres amigos” y la seguridad
El presidente Felipe Calderón y el primer ministro canadiense, Stephen Harper, han probado sobradamente su incondicionalidad ante los designios estadunidenses
El gobierno de Estados Unidos ha venido promoviendo un perímetro de seguridad de América del Norte: de manera más abierta y notoria hacia Canadá; con acciones más o menos disimuladas y hasta subrepticias, en lo que se refiere a su frontera sur. Si bien algunos analistas consideran que en las actuales circunstancias de México, tanto Washington como Ottawa están de acuerdo en no incluirlo en las negociaciones, el interés estadunidense por una creciente presencia en territorio mexicano, dentro del esquema de la seguridad, es asimismo evidente.
Dentro de este contexto debe considerarse la reunión trilateral que tendrá lugar el 2 de abril en Washington, DC, con la presencia del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, como anfitrión; de su homólogo mexicano, Felipe Calderón; y del primer ministro de Canadá, Stephen Harper. Los dos invitados a esta VI Cumbre de Dirigentes Norteamericanos, llamada también “de los tres amigos”, han probado sobradamente su incondicionalidad ante los designios estadunidenses.
Uno de los temas del encuentro será la Cumbre de las Américas en Cartagena, Colombia, los días 14 y 15 de abril, marcada por el rechazo de Washington a la presencia de Cuba y la consiguiente amenaza de boicot de los países del Alba. Obama obtendrá sin duda la anuencia de Calderón y Harper para subrayar que ese foro supuestamente panamericano sólo está abierto a los regímenes cuya naturaleza democrática cuente con el aval de Estados Unidos, aun de manera reticente, como en los casos de Venezuela, Bolivia y Nicaragua.
Conforme al vocero de la Casa Blanca, la cumbre norteamericana abordará las opciones para una mayor y más amplia cooperación entre los tres países, con énfasis particular en el crecimiento económico, la competitividad, la seguridad ciudadana, la energía y el cambio climático, “así como otros temas económicos, políticos y de seguridad, de alcance global”.
Por lo pronto, Estados Unidos avanza sin pausa y con prisa, en una alianza estratégica con Canadá que implica la subordinación de las fuerzas canadienses militares y de seguridad, a las estructuras de mando del gobierno estadunidense, del Pentágono, las agencias de inteligencia y, en suma, los intereses del complejo industrial-militar.
Algunos de los puntos principales son las tareas de inteligencia comunes, transfronterizas; la estrategia antiterrorista, el combate “al extremismo” interno e internacional y, en fin, el establecimiento de un perímetro norteamericano de seguridad, del cual México quedaría excluido por lo pronto en algunos rubros. Así lo explica Victoria M. Osuna, experta canadiense en seguridad y defensa:
“México sería eventualmente incluido en las discusiones sobre el citado perímetro. Desde luego, la participación mexicana en el debate sobre cooperación fronteriza es deseable; no obstante, el que México ocupe un lugar en la mesa de negociación se antoja difícil debido a las características de su frontera norte así como al incremento de violencia en el país”.
Y añade: “Aunque la participación mexicana sea deseable, todo parece indicar que mientras el gobierno mexicano no logre resolver el problema de la violencia e inseguridad internas, derivado de un sistema social arraigado en la corrupción y el abandono, la posibilidad de incluir a México como tercer invitado a la mesa está lejos de realizarse”.
No obstante, por ejemplo, el 13 de marzo de 2010, el entonces jefe del Comando Norte estadunidense, general Gene Renuart, reveló que Estados Unidos “comparte con México las lecciones de las guerras en Afganistán e Irak”, para aplicarlas en el combate al crimen organizado, especialmente contra los cárteles del narcotráfico.
Renuart habló en un foro sobre cooperación México-Estados Unidos-Canadá, organizado por el Centro Woodrow Wilson en Washington y sostuvo que los cárteles no son diferentes de las organizaciones terroristas. Conforme a este criterio, la inserción mexicana en el perímetro de seguridad de América del Norte tiene lugar por la puerta trasera, de manera encubierta y con una subordinación total. No se trata de uno de los “tres amigos”, sino del sicario al que se encomiendan los trabajos sucios.
