Saga y tragedia de Sudán del Sur

Los retos que enfrenta son enormes, especialmente en la solución de problemas de salud, educación y alimentación.

Tras cinco décadas de conflictos armados entre el gobierno de Sudán y el movimiento rebelde del sur, ambas partes llegaron en 2005 a un acuerdo de paz que estableció, entre otros compromisos, la existencia de un gobierno autónomo en el sur, el reparto equitativo de los ingresos petroleros y la realización de una consulta popular, en enero de 2011, que determinase si los casi nueve millones de pobladores de la región, 25% del total nacional, querían o no separarse.

El 98.83% de la población sureña optó por la independencia. Consecuentemente, Sudán del Sur, integrado por 10 de los 26 estados del antiguo Sudán unificado, se convirtió en la nación independiente más joven del mundo y la primera nacida en el siglo XXI. La decisión pudo haber parecido extraña, incluso extravagante, a quienes desconocen la realidad sudanesa.

Millones de ciudadanos del sur sudanés fueron llevados a países árabes vecinos y tratados como esclavos. El moderno Sudán surgió durante el protectorado británico-egipcio (1898-1955); y mientras las potencias ocupantes impulsaron el desarrollo socioeconómico del norte, los sudaneses del sur fueron entregados a la casi exclusiva labor de las misiones cristianas, dentro de un distrito cerrado, con un estatuto legal especial, que limitaba la actividad y los movimientos de la población.

Así se enconaron los desequilibrios territoriales y las desigualdades entre el norte y el sur; éste último siguió siendo una virtual colonia dentro del Sudán independiente. El régimen de autonomía que  tuvo el sur en los últimos seis años, fue decisivo para avanzar en la ruta de la independencia.

La gran paradoja fue que el discriminado sur genera 80% de la producción de petróleo de Sudán, pero nace como uno de los países más pobres del mundo. El 90% de la población vive con menos de un dólar diario. Hay 85% de analfabetos; 33% sufre hambre crónica; menos de 1% de los niños termina la enseñanza primaria. Uno de cada diez infantes muere antes de cumplir un año de vida. El 80% no dispone de agua potable ni de alcantarillado. La guerra civil acabó con carreteras, puentes y servicios básicos. En Yuba, la nueva capital, hay apenas media docena de calles pavimentadas.

Los retos que enfrenta Sudán del Sur son enormes, especialmente en la solución de problemas de salud, educación, alimentación e infraestructura. La guerra con el norte costó dos y medio millones de vidas y dejó cuatro millones de desplazados, una parte de los cuales comienza a regresar y sueña con encontrar estabilidad y prosperidad en su nuevo país. En el futuro próximo y muy probablemente incluso a mediano y a largo plazos, ése será un sueño imposible.

Se calcula que Sudán del Sur tiene reservas petroleras de seis mil 700 millones de barriles. Pero las refinerías, los oleoductos y los puertos de embarque se encuentran en el norte. El acuerdo sobre compartir los ingresos del petróleo no se ha ratificado y es otro de los problemas a resolver, quizá el más grave en el entorno de lo inmediato.

Debe resolverse además la situación de varias regiones fronterizas. Abjei, que es un rico estado petrolero, deberá celebrar su propio referendo y decidir si desea permanecer en el norte o unirse al sur. La situación más tensa se da en el estado de Kordofan del Sur, que ha quedado como la única región del norte poseedora de pozos de petróleo.

La comunidad internacional ha dado apoyo a la independencia de Sudán del Sur. Pero otro gran desafío que tiene el gobierno de Yuba es el desmedido interés de las grandes potencias occidentales. Además de petróleo, tiene zinc, cromo, plata y oro. Posee recursos hidroeléctricos, pues el caudaloso Nilo cruza el nuevo país. Inmensos bosques tropicales, parques naturales vírgenes y gran variedad de fauna, a diferencia del norte que es desértico.

El conflicto petrolero, al que se suman los diferendos territoriales y acusaciones recíprocas de apoyo a grupos rebeldes, mantienen una situación crítica y se avista el peligro inminente de una nueva guerra, en la que los únicos beneficiarios serían EU y sus aliados de la OTAN.

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