20 años de Conabio
Los logros de la Comisión han sido posibles gracias al trabajo de notables científicos mexicanos.
México tomó del exterior instituciones como el federalismo, la división de poderes o la estructura constitucional que se copiaron del modelo estadunidense. Eran las teorías en boga cuando México surgió al mundo. Otros modelos, como el Consejo de la Judicatura Federal o la Comisión de Derechos Humanos, creados en México al final del siglo XX, tuvieron su origen en la beneficiosa influencia de los constitucionalistas españoles, ejercida a través del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM.
No son muchas las aportaciones mexicanas a las estructuras de gobierno y administración en la esfera global. No obstante una organización gubernamental, la Comisión Nacional para el Uso y Conocimiento de la Biodiversidad (Conabio), creada hace 20 años, ha ejercido un papel tan relevante en el mundo que en Estados Unidos el Consejo Presidencial de Asesores en Ciencia y Tecnología (The President’s Council of Advisors on Science and Technology, PCAST), que incluye a los científicos más destacados, líderes de ese país, nombrados por el Presidente para asesorar, desde la misma Casa Blanca al Presidente, a los departamentos de gabinete y al gobierno federal sobre ciencia y tecnología, ha emitido la recomendación formal de crear en ese país un organismo similar a la Conabio, a la luz del éxito mexicano.
Mario Melgar Fernández, experto reconocido en esta materia, desde la perspectiva jurídica, me dio algunas ideas que con su autorización transcribo y agradezco por venir al caso en ocasión del 20 aniversario de la Conabio: “Posiblemente el mayor reto que enfrenta la humanidad en este inicio de siglo es el de lograr un crecimiento económico mundial sostenido asegurando la protección y conservación del medio ambiente global. El papel de la biodiversidad en la solución de los más apremiantes problemas sociales no puede ser desestimado.
“Al menos siete mil compuestos medicinales en productos de mercados occidentales, desde la aspirina hasta la píldora anticonceptiva, provienen de alguna planta. De las fórmulas preparadas por los laboratorios farmacéuticos estadunidenses, 25 por ciento utiliza sustancias extraídas de plantas, 13 por ciento sustancias de microorganismos y tres por ciento de animales, con lo que más de 40 por ciento de los medicamentos en el mercado provienen de organismos biológicos. En el mundo en desarrollo, estos porcentajes son aún mayores, dada la dependencia de la población en la medicina tradicional.
“El acelerado desarrollo de la industria biotecnológica, la nueva fuerza económica del siglo XXI, requiere de los recursos genéticos de la biodiversidad, localizada geográficamente en los trópicos, en el territorio de unos pocos países en desarrollo. La biotecnología genera un flujo internacional de recursos genéticos en sentido sur-norte y otro de productos (bio) tecnológicos en sentido norte-sur. Es evidente que en la era de la globalización no sólo bienes y servicios cruzan las fronteras con facilidad, sino que también lo hace la información, ya sea en forma de tecnologías desarrolladas en modernos laboratorios, a través de recursos genéticos obtenidos de las regiones más biodiversas del mundo o como conocimientos y prácticas tradicionales de comunidades indígenas.
“Las interacciones entre la propiedad intelectual y la biodiversidad están marcadas por la circunstancia de que mientras la producción científica y tecnológica —aquella protegida por la propiedad intelectual— se realiza primordialmente en los países industrializados, las principales riquezas de la biodiversidad se concentran en los pocos países megadiversos”.
El éxito de Conabio en estos 20 años, que se celebrarán el jueves ante el presidente Felipe Calderón, la admiración que esta organización pública mexicana ha causado en Estados Unidos y el promisorio futuro que le depara su sólidas bases de funcionamiento, tiene un responsable.
Los logros de Conabio han sido posible gracias al trabajo de notables científicos mexicanos, encabezados por uno de los más célebres. Se trata del Dr. José Sarukhán Kermez, magnífico ex rector de la UNAM, investigador emérito del Instituto de Biología de la UNAM, miembro de la Royal Society of Sciences de la Gran Bretaña, de la U.S. National Academy of Sciences y coordinador nacional de la Comisión Intersecretarial, la que, como decimos en México: ya la quisieran en otras partes del planeta. Es ocasión para felicitarlo junto con la Conabio.
