Desinvertir para salvar al mundo
Las armas nucleares son una amenaza, un peligro; no representan garantía alguna de seguridad para los pueblos
“Las armas nucleares son una obscenidad”, escribe Desmond Tutu, eminente defensor de los derechos humanos frente al racismo y la intolerancia, Premio Nobel de la Paz. “Son la antítesis misma de la humanidad, de la bondad en este mundo. ¿Qué seguridad ayudan a establecer? ¿Qué clase de comunidad mundial estamos realmente tratando de construir, cuando hay naciones que poseen armas que pueden acabar con el género humano en un instante y amenazan con utilizarlas?”
He comentado en este espacio la tesis central de Tutu: las armas nucleares son una amenaza, un peligro; no representan garantía alguna de seguridad para los pueblos y las naciones, y nos tienen al borde mismo de la guerra del fin del mundo, aunque millones de personas ignoren esta realidad. Pero esas armas no surgen de la nada, ni siquiera porque las potencias nucleares se empeñen en tenerlas en sus arsenales.
Existe un criminal negocio de la muerte. Una obsesión por las ganancias a toda costa, incluso de la vida, de la supervivencia. La Campaña Internacional para Abolir las Armas Nucleares (ICAN, por sus iniciales en inglés), a la cual pertenece en México el Círculo Latinoamericano de Estudios Internacionales (CLAEI), acaba de dar a conocer un demoledor informe, con el título de “No financien la bomba” (Don’t bank on the bomb), en el cual se dan a conocer los nombres de los principales beneficiarios de la industria de la destrucción total.
Empresas estadunidenses como Boeing, Lockheed, Northrop, Honeywell, Bechtel; británicas como Rolls-Royce, BAE Systems, Serco; francesas como Safran y Thales; italianas como Finmeccanica, figuran en la lista de las 20 principales empresas internacionales productoras de armas nucleares. Son las grandes proveedoras del complejo industrial-militar estadunidense y de los arsenales de otras naciones.
El informe examina asimismo las políticas de inversión de 14 de las más importantes instituciones financieras globales, en relación con las armas nucleares y encuentra que no son muy estrictas y suelen dejar un amplio espacio para financiar a los productores de ese armamento si, por ejemplo, los recursos requeridos no están preetiquetados para fines bélicos o solamente una parte de las ganancias de una empresa provienen de esa actividad. Solamente dos de esas instituciones han decidido no invertir sustancialmente en los productores de armas nucleares.
La lista es muy interesante. En ella aparecen consorcios bastante conocidos, como AXA, BNP Paribas, Société Générale, Allianz, Commerzbank, Deutsche Bank, Banca Leonardo, Banco Popolare, Unicredit (vinculado con el Vaticano), Sumitomo Mitsui, ING, Santander, BBVA, Crédit Suisse, UBS, Barclays, HSBC, Lloyds, Prudential, AIG, American Express, Bank of America, Citi, Fidelity, General Electric, Goldman Sachs, JP Morgan Chase.
¿Cuál es la propuesta principal de los especialistas de ICAN, respaldados por el prestigio de personalidades como Tutu? La desinversión. Así lo explican: “La desinversión envía una clara señal a los contratistas de la defensa, al sector financiero y a los gobiernos, de que involucrarse con la industria de las armas nucleares es inaceptable. Ayuda a construir la aceptación de la ilegalidad y la ilegitimidad de las armas nucleares y llama la atención a sus efectos catastróficos sobre la vida humana y el medio ambiente”.
En el ICAN se tiene muy claro que el apoyo activo de las instituciones financieras habrá de ser crucial para que tengan éxito los esfuerzos mundiales en pos de la eliminación de las armas nucleares. Desinvertir de las empresas que las fabrican es una opción importante para que los bancos, las aseguradoras, los fondos de pensiones y los administradores de recursos financieros puedan contribuir a la deslegitimación de las armas nucleares.
Así podrán también contribuir a frenar los programas de modernización de los arsenales nucleares existentes y prevenir una mayor proliferación de armas nucleares. El fin último de la desinversión es obligar a las empresas fabricantes de armas nucleares a que abandonen ese ramo de la industria.
