Cumbres paralelas en Cartagena
Los movimientos sociales han realizado reuniones alternas para expresar a los mandatarios reunidos su posición
Los días 14 y 15 de abril próximo tendrá lugar en Cartagena, Colombia, la VI Cumbre de las Américas, una asamblea que pretende reunir a los jefes de Estado y de gobierno de los países del continente, en torno al tema “Conectando las Américas: socios para la prosperidad”. La ausencia de Cuba rompe ahora más que nunca la visión de unidad continental. Su derecho a estar presente debe ser reconocido.
Este mecanismo de reunión y concertación surgió por iniciativa de Estados Unidos, durante el gobierno de William Clinton, con el doble propósito de consolidar una alianza hemisférica y promover sus enfoques sobre el mercado libre y la seguridad colectiva, por medio del Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA).
Si bien nunca se logró un consenso general y mucho menos cuando se vino abajo la naciente estructura del ALCA, sobre todo a partir de la llegada al poder de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil y de Néstor Kirchner en Argentina. Washington continuó insistiendo, con el apoyo de gobiernos aliados, como el de Colombia y el de México a partir de 2000; pero un renacimiento del concepto de la unidad latinoamericana, llevó a posiciones discrepantes con la agenda del gobierno estadunidense.
Los esfuerzos de integración regional autónoma, como los planteados por la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur) y la Comunidad de Estados de Latinoamérica y del Caribe (CELAC), confluyó en una poderosa corriente que, con el apoyo de gobiernos con ruta propia y numerosos movimientos sociales, llevó a la derrota de la propuesta del ALCA en la Cumbre de 2005 en Mar del Plata, Argentina.
En 2009, durante la Cumbre de Trinidad y Tobago, el presidente Barack Obama prometió un nuevo tipo de relación de Estados Unidos con América Latina, pero las expectativas desaparecieron con rapidez. Obama impulsó la militarización del hemisferio, apoyó el golpe de Estado en Honduras y mantiene su respaldo al régimen ilegítimo de Porfirio Lobo.
Adicionalmente, radicalizó la “guerra” contra el narcotráfico, concepción a la que se sumaron los gobiernos panistas mexicanos de Vicente Fox y Felipe Calderón; y que sólo ha servido para acelerar la militarización y la violencia; mantuvo las sanciones a Cuba, no propuso cambios de fondo en la legislación migratoria y sigue fiel a la tradicional posición hegemonista de Washington, con un incremento de su presencia militar, mediante bases en varios países y la reactivación de la IV Flota.
Durante todas las cumbres de las Américas, los movimientos sociales del continente han realizado cumbres alternas para expresar a los mandatarios reunidos su posición respecto a cuáles son los problemas reales y cuestionar la naturaleza de las relaciones entre EU y la región. Estas han sido las cumbres de los pueblos.
En Colombia, el gobierno de Juan Manuel Santos apoya la política belicista estadunidense en el continente y en el mundo; y profundiza el modelo económico que ha llevado a numerosos países a la grave crisis que se vive en la actualidad y que afecta incluso a las regiones más desarrolladas, como Europa.
Por ello, los movimientos sociales latinoamericanos han convocado a la Cumbre de los Pueblos en Cartagena, del 12 al 14 de abril, para debatir y construir de manera conjunta y solidaria con los latinoamericanos y los americanos en general, una posición común acerca de las relaciones hemisféricas y el papel agresor y hegemonista de Estados Unidos; presentar sus demandas a los gobiernos y exigir que en la VI Cumbre se aborden las auténticas prioridades de América Latina y el Caribe.
Las exigencias fundamentales son la desmilitarización del continente, la eliminación de las bases militares, la cancelación de los ejercicios militares conjuntos y el cese del patrullaje de la IV Flota; el fin definitivo de la militarización con el pretexto de la guerra contra el narcotráfico y su remplazo por una política integral, multilateral y con énfasis en el desarrollo sustentable y con justicia social. El tiempo es ahora.
