Política Paritaria

Naciones Unidas ha dado a luz a numerosas ideas que han pasado a formar parte del pensamiento ilustrado del planeta. Desde medir el progreso con indicadores sobre la educación de los niños y niñas hasta el buen trato a los mayores o la salud de la población; a una ...

Naciones Unidas ha dado a luz a numerosas ideas que han pasado a formar parte del pensamiento ilustrado del planeta. Desde medir el progreso con indicadores sobre la educación de los niños y niñas hasta el buen trato a los mayores o la salud de la población; a una mirada diferente, incluyente y solidaria hacia las personas que viven con VIH/SIDA o con una discapacidad; o al desarrollo sustentable preservador del patrimonio natural que pertenece a las generaciones futuras.

Naciones Unidas ha sido también uno de los abogados madrugadores en pro de la igualdad entre mujeres y hombres. Cuando en el año 2000 se definieron ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio, la equidad de género figuró en casi todos los ODM: educación, salud, participación política, reducción de la pobreza, cambio climático, brecha digital; en todo, la perspectiva de género nos demuestra que el mundo es desigual, siempre en desfavor de las mujeres. La violencia que cual lacra se ejerce contra ellas es la peor muestra de ese mundo desigual. 

El ODM3, “Promover la igualdad entre los sexos y la autonomía de la mujer”, tiene una particularidad esencial: es el único que no requiere una inversión presupuestaria significativa. Pero exige la inversión de otra divisa, escasa en casi todas las sociedades: la voluntad política de protagonizar un cambio social sin precedentes desde la abolición de la esclavitud. La merma económica que se sufre en sociedades con prácticas desiguales y discriminatorias es comparable a la pérdida de potencia que sufre un bimotor cuando una de las hélices se atora. Funciona a medio gas y acaba inevitablemente cayendo a tierra. Un estudio reciente demuestra que son más productivas y rentables las empresas con más mujeres en su equipo de dirección.   

En la lucha por la igualdad, y entre los obstáculos que se yerguen para conseguirla, figura notablemente la participación política. Lo mismo que lo fue la educación, después la educación superior, el trabajo asalariado, luego determinadas carreras y profesiones, la propiedad de la tierra, el acceso al crédito y la dirección de empresas, la política ha sido durante mucho tiempo la provincia de los hombres. No hace tanto que las mujeres tienen el simple derecho a votar y ser votadas. Este no es hoy aún un derecho universal.

En México, el déficit en la participación política de las mujeres se ha reducido pero sigue siendo palpable.

En 2011, las mujeres ocupaban 23% de los escaños en los congresos locales y sólo 6% de los alcaldes son presidentas municipales. Mientras nuestra posición institucional es conseguir un tercio de las representaciones parlamentarias, un futuro más allá de las cuotas sólo puede concebirse con una participación del mismo número de mujeres y de hombres en todos los ámbitos de responsabilidad y representación. La democracia paritaria es ineludible y no admite medias tintas, aunque se construya gradualmente. Para ello es preciso el cuestionamiento a los atavismos anacrónicos y alzar la voz (o la pluma en este periódico amigo) para tapar con razones los silencios cómplices.

        *Representante           Residente, PNUD

            **Especialista de        Género, PNUD

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