Sobre los jueces mariguanos
No es sensato que en México nos estemos matando por evitar que llegue a EU, mientras ellos empiezan a despenalizarla.
Uno de los pilares más importantes de una sociedad es disponer de jueces probos, informados, que puedan ejercer su función de manera imparcial y justa. Los jueces requieren el reconocimiento y confianza social, pues sostienen los valores de una comunidad. Más importantes que la policía, pues los jueces tienen autoridad sobre quienes ejercen la máxima atribución. Un Juez de Distrito podría técnicamente destituir al Presidente de la República.
Hace una semana en Texas, un juez de un condado asistió a una reunión de trabajo. Al final de la jornada decidió ir a la habitación de su hotel para disfrutar el esparcimiento que ofrecen “dos que tres toques” de mariguana (en EU se conoce esta sustancia como droga recreativa). La mariguana, probablemente procedente de nuestro país, o bien de alguna de las granjas todavía clandestinas que ya existen por varias partes de la Unión Americana. El olor característico, inimitable, salvo con el petate, atrajo la atención de un botones que llamó a la policía. El juez del condado, Michael T. Wiggins, fue puesto a disposición de la autoridad. Se le hicieron cargos por posesión de menos de dos onzas de mariguana. Salió libre bajo fianza, para terminar su seminario, después de pagar tres mil dólares. Está sujeto a un proceso que lo podría llevar a unos meses de cárcel y a pagar hasta cuatro mil dólares de multa.
El juez Wiggins admitió haber fumado mariguana: “Lo que es, es lo que es”, dijo sin chistar. Wiggins es un magnífico juez del Condado de Guadalupe en Texas, donde coinciden los más diversos criterios sobre la mariguana. Los conservadores han puesto el grito en el cielo y piden que renuncie. Algunos más prácticos han dicho que fue una estupidez fumar “mota” en el cuarto del hotel: “¿A quién se le ocurre hacerlo en un lugar donde está prohibido hasta fumar?”. Otros piensan que el esparcimiento que tuvo gracias a los humos de la cannabis es algo menos grave que lo que sus colegas hacían a la misma hora en el bar. Mientras el juez fumaba mota, sus colegas brindaban alegremente con Jack Daniel’s, o, los más texanos, con el Garrison Brothers Texas Straight Bourbon Whiskey [En Estados Unidos e Irlanda se utiliza el término “whiskey” (con e) para las bebidas destiladas de grano, en tanto los escoceses y canadienses utilizan el término whisky (sin e) para el scotch que producen y beben alegremente]. Los mariguanos piensan que su hábito es menos pernicioso que el de la botella. Los borrachines generalmente no meditan sobre las adicciones que niegan.
Wiggins había sido también un magnífico policía antes de ser juez. Nadie entiende cómo pasó las pruebas de confianza a que están sometidos todos los funcionarios que administran justicia en el estado de Texas sin que el mariguanómetro lo hubiera detectado. En Estados Unidos los jueces son electos, salvo los que ejercen la jurisdicción federal. La pregunta ahora es si el juez Wiggins no renuncia y va a buscar la reelección, si los electores votarán por un juez mariguano. De darse, será un plebiscito sobre la legalidad de la cannabis.
En San Diego, California, un grupo de condóminos de un complejo habitacional quiere imponer una ordenanza municipal para prohibir que se fume en los departamentos que integran el multifamiliar. En las discusiones quedó claro que de admitirse esta propuesta, no incluye la prohibición de la mariguana. Se refiere, según alguno, únicamente al tabaco que por cierto es tan nocivo para la salud.
La enseñanza es que la mariguana no es la droga maldita que volvía locos a los cuerdos. Un asunto para discutir seriamente y médicamente. No es sensato, como ha insistido Jorge Castañeda desde que empezó la guerra de Calderón, que en México nos estemos matando —literalmente— por evitar que la mariguana llegue a Estados Unidos, mientras ellos empiezan a despenalizar, al menos moralmente, el uso de la mariguana que hasta la siembran legalmente.
Otro asunto para considerar es el de la elección democrática de los jueces. Entre las propuestas del candidato López Obrador hay una especie de ocurrencia al anunciar que de ganar la elección propondrá la elección popular de los jueces y ministros de la Suprema Corte. Es un disparate. Elegir popularmente a los ministros de la Corte, a los jueces federales y a los integrantes de los tribunales superiores de justicia sería tanto como legalizar todas las drogas sin medir las consecuencias. Sin embargo para eso son las campañas. Veremos en unas semanas qué dicen los candidatos ahora en receso forzado por unas leyes electorales que no sirven, pero que nadie puede modificar por el momento.
