Peña y Obama, ¿ganarán?

Si las elecciones fueran hoy, ambos ganarían: uno la permanencia en la Casa Blanca, el otro el regreso del PRI a Los Pinos.

En las elecciones presidenciales de México y Estados Unidos hay dos enemigos a vencer: Barack Obama y Enrique Peña Nieto.  No es que los dos tengan mucho en común.  De hecho, son notoriamente distintos: uno es afroamericano, alto, deportista, articulado, carismático, bien formado intelectualmente, con experiencia académica, buen lector, mejor bailarín, con una esposa líder en las causas sociales. Peña Nieto no ha mostrado todavía más que carácter  (buen carácter) y paciencia frente a una inmensa ola de intencionados ataques. 

Las similitudes son que si las elecciones fueran hoy los dos ganarían: uno la permanencia en la Casa Blanca; el otro, el regreso histórico del PRI a Los Pinos, la casa que fundó y bautizó Lázaro Cárdenas —el mejor presidente mexicano del siglo XX—. De perder, los dos aspirantes habrían ganado quienes consideran nefasta la gestión de Obama y están en contra de cuatro años más y, en México, quienes temen que el Revolucionario Institucional regrese al poder.

En Estados Unidos la campaña para la nominación republicana está centrada en encontrar quién podrá desplazar a Obama. No en quien tenga el mejor plan de recuperación de la crisis que afecta a las industrias y el comercio, pero sobre todo a la clase media asalariada. En México, los panistas están en campaña contra el PRI. Josefina Vázquez Mota seguirá la estrategia de los republicanos estadunidenses: no preocuparse por las propuestas sino por impedir que el PRI regrese al poder.  El mensaje de la candidata panista no deja duda: se trata de ganarle a Peña Nieto.  

Hay razones para ello: La vuelta del PRI sería el fracaso del PAN. La confirmación de 12 desastrosos años de ineficiencias, tropiezos, tumbos y desprestigio. El PAN, buen partido opositor que no supo gobernar, como lo recordaba Enrique Krauze el domingo en Reforma.

El PRD irá por la vía más cómoda de no llevar la carga del primer lugar. En las carreras de fondo, quien va adelante la mayor parte del trayecto no es necesariamente el ganador. Por el contrario, la presión puede ser mortal. López Obrador lo vivió hace seis años, en que todavía horas antes de la elección era considerado el seguro ganador. Tal vez por eso ahora su mesura y ecuanimidad.

Independientemente de las preferencias partidistas, hay quienes son voto duro panista: votarían hasta por Fox nuevamente, aun cuando ya ni siquiera lo recuerden.  Los priistas duros votarán por Peña sin hacer preguntas ni evaluaciones y lo mismo sucederá con la amplia base de seguidores de López Obrador. No obstante, quienes decidirán son los ahora indecisos. Por ello las propuestas también jugarán.

El PAN tendrá en contra el desastre en la seguridad y la paz nacional, mientras Obama enfrentará la crítica de la clase media que creyó en sus propuestas y no piensa apoyarlo cuatro años más. El saldo en Estados Unidos es gravoso: millones perdieron sus empleos y hasta sus casas desde que Obama llegó a la Casa Blanca. La gasolina y el precio de los alimentos, así como las primas de los seguros médicos están por los cielos. Obama ha incrementado la deuda en cinco billones ($5 trillion) pretende gravar con 30% las ganancias de capital, con lo que estiman colapsaría el mercado de valores, los fondos de pensión, los de retiro (401K) y el impuesto sobre la renta. La queja entre los republicanos es en lo injusto de que algunos paguen 35% de impuestos, mientras otros no pagan nada. Una carga fiscal para 51%, mientras que 40% restante no contribuye. 

Muchos están hartos del gobierno de Obama, pero el presidente en las reelecciones lleva la mano. Entre nosotros la incógnita es si la ventaja de las encuestas para el PRI durará hasta el primero de julio o habrá sorpresas como la de Calderón hace seis años. Lo claro es que, si se votara hoy, Obama seguiría en la Casa Blanca y Peña Nieto iría con todo y PRI a Los Pinos. Por ello, los gritos destemplados, casi histéricos, de la señora Vázquez Mota tendrán que escucharse varios meses más y veremos si López Obrador mantiene la santa paz que lo rodea.

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