Laura, Dilma, Cristina, ¿Josefina?

Aún queda un largo camino por recorrer y siempre es positiva la comparación reflexiva para retroalimentarse de otras realidades; un ejercicio que me genera las siguientes cuestiones: ¿Vázquez Mota tiene la capacidad para congeniar humanismo y política?

El proceso electoral en Argentina, acontecido hace un par de meses, fue un evento histórico, donde una mujer, Cristina Fernández de Kirchner, no sólo se reeligió por cuatro años —convirtiéndose en la primera presidenta en lograr la reelección—, sino que consolidó un fuerte liderazgo femenino y una inusitada concentración de poder en torno a su figura.

Muchas son las razones y factores de orden económico, político y social que explican la química de la cual Kirchner goza con los jóvenes argentinos, y quienes se convirtieron en un sector decisivo durante la elección.

Políticas públicas relacionadas con los derechos humanos, apoyo significativo a las universidades, matrimonio igualitario (gay), subsidios domésticos y de transporte, empleo y asignaciones universales, son algunas acciones ampliamente distribuidas y reforzadas por un contexto económico favorable, estrategias que en el campo electoral valen oro.

Quiero centrar mi atención en el fuerte liderazgo femenino que ejerce Kirchner y desentrañar someramente algunas claves que pueden ayudar a la causa de la precandidata por el PAN, Josefina Vázquez Mota (JVM).

En México, los jóvenes tendremos mucho que decir en 2012 junto con las mujeres. De acuerdo con el IFE, 51.9% del electorado somos mujeres, y cerca de 50 millones de los 82 estimados que cuentan con credencial de elector vigente son personas entre 20 y 44 años de edad.

Evidentemente todos los candidatos buscarán a estos sectores, y en el caso de JVM, será siempre y cuando logre la candidatura del PAN.

 Han surgido muchas encuestas que posicionan a la panista como puntera en la eventual elección interna del PAN, asimismo, se muestra muy competitiva con respecto a otras ofertas políticas.

Si JVM fuese la elegida, encontraría en la experiencia argentina claves para capitalizar el factor de género y tener éxito para completar un cuadro positivo en el que las tres economías más importantes de Latinoamérica estén lideradas por mujeres.

En primer lugar, JVM requiere un proceso de “autoinvención” y concatenarlo con el hartazgo político imperante. El aire de innovación que una mujer pone en la Presidencia debe estar acompañado de una composición ideológica mixta donde coexistan las posturas tradicionales fuertes y las ideas progresistas a favor de la igualdad entre los mexicanos.

La “autoinvención” implica encarnar una imagen de gran poder simbólico; ser protagonista de su propia obra; convertirse en un personaje excepcional que proyecta a una gran mujer política; conservar su estilo y explotar la afectividad con tintes de espontaneidad.

Algunas otras cuestiones que JVM puede considerar de su par argentina es el liderazgo capaz de fusionar sentidos complementarios, generar empatía con los vulnerables, proyectar confianza con sectores ampliamente discriminados y, principalmente, exhibir un discurso de unidad y propuesta.

Evidentemente aún queda un largo camino por recorrer, y siempre es positiva la comparación reflexiva para retroalimentarse de otras realidades; un ejercicio que, hasta el momento, me genera las siguientes cuestiones: ¿JVM tiene la capacidad  para congeniar humanismo y política? ¿Afectividad y fuerza? ¿Puede ella recuperar la política y entregarla a los jóvenes como el único y verdadero instrumento de transformación social?

*Licenciada en comunicación social, UAM.

                Máster en planificación y gestión procesos comunicacionales, Universidad Nacional de La Plata, Argentina.         

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