Julio 2012, ¿quién ganará?
Si las elecciones fueran hoy, el PAN tendría que abandonar Los Pinos. El PRI regresaría, como si nunca se hubiera ido.
Si las elecciones fueran hoy, el PAN tendría que abandonar Los Pinos. El PRI regresaría, tan campante, como si nunca se hubiera ido. El gran fracaso panista no será perder las elecciones, que al fin para eso es la democracia, sino haberle dicho al mundo que su triunfo se debió a los errores septuagenarios PRI. Nunca dieron el mérito a la candidatura imbatible de Vicente Fox, al que nadie le hubiera ganado. Fox ha sido el mejor candidato desde Francisco I. Madero y, como él, uno de los peores presidentes. El discurso oficial de los dos gobiernos panistas ante el mundo ha sido vanagloriarse de haber derrotado a un sistema antidemocrático, corrupto, de partido único, lleno de defectos y contradicciones, obsoleto, soviético. Hablar mal de México fue su divisa y ahora será su penitencia.
Como cliché, los representantes diplomáticos, con salvadas excepciones de quienes entendieron que las misiones consulares y diplomáticas son representaciones nacionales, no partidistas, se dedicaron durante 12 años a denostar al PRI. Calderón llegó al extremo de utilizar un foro universitario en California para decirle a los alumnos que se graduaban que el PRI fue lo peor de la historia mexicana. Como si a los graduados les interesara la noticia parroquial morelense o la fallida estrategia electoral.
Los embajadores y cónsules no hacen o no deberían hacer política interna, pues su función es neutra. Ese activismo ha sido responsable de la grave imagen del país por el mundo. Todavía, la influyente revista The Economist, en su último número, culpa de la falta de reformas estructurales al Congreso y de alguna manera al PRI, cuando el problema no es sino que esas reformas no se supieron plantear, ni se pudieron negociar. No toda la culpa es del Congreso que hace política, sino de quienes fuera del Congreso no saben para qué es la política.
La revista señala que han sido los legisladores priistas los encargados de actuar como zapa de los afanes reformistas del presidente Calderón. Para The Economist la estrategia del PRI ha sido obstruir las reformas hasta que gane Peña Nieto en julio. A partir de entonces, se podrá avanzar en lo que el país requiere. Con esa lógica nunca habrá reformas en México, pues el papel de los priistas, si es que Peña gana, —como las encuestas indican— lo representarían los legisladores de los otros partidos opositores.
Si se revisaran las iniciativas pendientes, podríamos darnos cuenta de que el problema es distinto. No hay consensos en los temas de las reformas. Al no haber consensos, lo que hubiera hecho falta es la acción de la política para conciliar las posiciones. Entre nosotros, lo único que se ha dado son agravios compartidos. La antipolítica derrotó a Calderón y su gobierno.
Hay muchas explicaciones para el fracaso, pero una evidente es la falta de oficio de los responsables de la política interna. Hablar mal del país en el extranjero es un grave error, sin sentido práctico. No por denostar a los gobiernos “revolucionarios” el PAN obtuvo mejores clasificaciones en el tablero mundial. Más grave aún ha sido la improvisación en carteras como Gobernación, en estos 12 años una lista interminable de villamelones y espontáneos. Entre la lamentable fatalidad de los accidentes de dos secretarios y la incapacidad para encontrar buenos secretarios que substituyeran a los muertos, se perdió la interlocución con el Congreso, tarea esencial de los responsables de la política interior. Además, la improvisación en las tareas de inteligencia política que hace el gobierno ha tenido un alto costo. Las tareas básicas de gobierno: defensa, hacienda, política exterior y política interior deberían estar sustentadas en la experiencia que da la permanencia en los cargos y el servicio civil de carrera. Personajes como Gutiérrez Barrios, discutible o no, estuvieron al frente de la tarea de inteligencia, independientemente de quien ejercía la titularidad del Ejecutivo Federal.
Es la enseñanza de personajes como J.Edgar Hoover, que ejerció esa función con demócratas y republicanos en Estados Unidos. Los nombres de los desconocidos que han ocupado estas tareas en los 12 años panistas es el mejor ejemplo de la improvisación.
Nadie sabe bien quién ganará en julio. Lo que es altamente probable es que el PAN no repita. El nuevo gobierno tendrá frente a sí recomponer la imagen visible en el extranjero y arreglar la política interior.
