La guerra secreta de Obama
Las fuerzas especiales estadunidenses actúan, hoy en día, en más de 75 países, 15 más que en 2009
Una investigación del diario The Washington Post reveló a mediados del año pasado que el gobierno de Barack Obama había decidido ampliar e intensificar la guerra secreta contra los países y las organizaciones consideradas como hostiles o enemigas de Estados Unidos. Con un presupuesto considerablemente incrementado, las fuerzas especiales estadunidenses actúan hoy en día en más de 75 países, 15 más que en 2009.
Más de 13 mil comandos militares y civiles, expertos en operaciones de inteligencia, guerra sicológica, asesinato selectivo, misiones de entrenamiento y acciones clandestinas, entre otras tareas, han sido desplegados por el mundo. Nueve mil se encuentran en Irak —pese a la mentirosa “retirada” y al supuesto fin de la intervención estadunidense— y en Afganistán.
El investigador Jeremy Scahill descubrió que el gobierno de Obama ha enviado equipos de élite de las fuerzas especiales, a las órdenes del Comando de Operaciones Especiales Conjuntas, a Irán, Georgia, Ucrania, Bolivia, Paraguay, Ecuador, Perú, Yemen, Pakistán y Filipinas; y desde 2006, a Venezuela, Colombia y México.
Un alto funcionario del Pentágono afirmó que Obama autorizó acciones, estrategias y operaciones que no recibieron la luz verde ni siquiera durante el gobierno obsesivamente intervencionista de George W. Bush. “Tenemos mucha más libertad” para las operaciones encubiertas, explicó el funcionario.
Este incremento de las operaciones especiales, junto al mayor empleo de aviones no tripulados (drones), que actúan ya incluso en la frontera con México, forma parte de la Doctrina de Seguridad Nacional aprobada por Obama. Una de las ventajas de utilizar “fuerzas secretas” en misiones de elevada importancia estratégica es precisamente su naturaleza clandestina. Así, la Casa Blanca puede evitar las críticas y las condenas a su política militarista, al servicio del complejo militar-industrial.
Más allá de las acciones de guerra de las fuerzas especiales, como asesinatos selectivos, secuestro y tortura, llevan a cabo también misiones de inteligencia, infiltración, subversión y desestabilización. Sus integrantes se entrenan durante años, aprenden idiomas y se adaptan a diferentes culturas, para poder penetrar e infiltrarlas de manera clandestina.
A principios de 2009, Obama autorizó la Doctrina de Guerra Irregular, que la antepone a la guerra convencional. En la guerra irregular, el campo de batalla no tiene límites, y las tácticas y estrategias utilizadas no son las tradicionales.
Dentro de este concepto, fachadas y agencias, como la USAID, el National Endowment for Democracy y Freedom House, entre otras, son utilizadas para canalizar fondos a actores que promueven la agenda de Washington, y también para infiltrarse en la sociedad civil, dentro de países estratégicamente importantes para los intereses hegemónicos estadunidenses.
Algunas de las operaciones especiales son conducidas por la Fuerza de Tarea 714, que durante el gobierno de Obama ha crecido sustancialmente. Su presupuesto se disparó en 40 por ciento. “Ahora podemos hacer mucho más”, conforme a una fuente de las fuerzas especiales. “Ya no tenemos que trabajar desde las embajadas, ni debemos coordinarnos con el Departamento de Estado. Podemos operar desde donde queremos”.
Paralelamente, la presencia de los llamados contratistas de seguridad —empresas como Blackwater-XE Services LCC y Dyn Corp— experimenta un verdadero auge, tanto en Irak y en Afganistán, como, al parecer, en México y Colombia. Así, el Pentágono se lava las manos oficialmente, mientras los mercenarios se encargan del trabajo sucio
En los últimos años, Washington ha intensificado sus agresiones y operaciones de desestabilización contra Venezuela, para promover un “cambio de régimen” en el país con las más grandes reservas del petróleo en el mundo. De igual manera, ha intensificado los preparativos para una agresión directa contra Siria, Irán y Corea del Norte, conforme al esquema utilizado en Libia.
No hay duda: la “guerra secreta” de Obama continuará sin tregua.
