El comercio de la muerte
El tráfico de armas en buena parte está asociado al tráfico de drogas. Son las dos caras de una misma moneda.
En la Conferencia Internacional por la Autodeterminación de Afganistán y la Paz en el Mundo, hace dos semanas en Bonn, Alemania, se analizó también el problema del creciente e imparable tráfico ilegal de armas, uno de los ejes principales de la violencia que desangra a países como México. Presenté un documento al respecto, cuyos puntos fundamentales comparto ahora con los lectores de Excélsior.
Hay más de 15 millones de armas ilegales en el país. La compra individual de armas de fuego se ha incrementado en 30% durante los dos últimos años, conforme a cifras gubernamentales, de organizaciones de la sociedad civil y, en particular, de la red internacional IANSA, a la que pertenece el Círculo Latinoamericano de Estudios Internacionales (CLAEI), con sede en la Ciudad de México. En cuanto a las armas ilegales, el porcentaje de incremento de su ingreso al país, parece aún más elevado, cercano a 40 por ciento.
Entre 2002 y 2006 se decomisó un promedio anual de dos mil 500 armas largas y 450 mil municiones a los grupos del crimen organizado; y durante el gobierno actual, las cifras son de 28 mil 19 armas, 15 mil 162 de ellas largas. Tan sólo en 2010 fueron decomisadas 18 mil 60.
El 80% llega de armerías ubicadas a lo largo de la frontera estadunidense con México. El gobierno de Estados Unidos ha sido sistemáticamente omiso y renuente en cuanto a reducir ese tráfico.
Por su parte el gobierno mexicano no tiene ninguna posibilidad de controlar la frontera, carcomida por la corrupción, la complicidad y el miedo. El caso es que las armas siguen llegando a México, para engrosar los arsenales de criminales, secuestradores, asaltantes de poca monta, asesinos a sueldo y narcotraficantes.
El gobierno estadunidense parece atado de manos. La industria de las armas representa un negocio de más de 30 mil millones de dólares al año. Existe un registro de más de 100 mil distribuidores y vendedores al menudeo, más de cinco mil de ellos a lo largo de la frontera con México.
Además, hay que tomar en cuenta el poder económico y político de las 40 grandes empresas fabricantes e importadoras, que comercializan cada año un total aproximado de tres millones de armas. Lockheed Martin, Boeing, Northrop-Grumman, General Dynamics y Raytheon, figuran a la cabeza de la lista.
En sus campañas presidenciales, George W. Bush recibió importantes donativos de los fabricantes de armas. Al parecer no ocurrió lo mismo con Barack Obama, pero existe una gran presión para apoyarlo en una posible reelección, siempre y cuando se muestre más comprensivo hacia la industria armamentista.
El tráfico de armas en buena parte está asociado al tráfico de drogas. Son las dos caras de una misma moneda. Se trata de actividades inseparables y ambas producen grandes ganancias. El valor de este armamento se multiplica al ser vendido en países como México. Un rifle AK-47 por ejemplo se puede comprar en 300 dólares del lado estadunidense y venderse en territorio mexicano en mil 500 dólares.
En 2004, quedó sin efecto la ley de control de ventas de armas decretada por el presidente William Clinton, como respuesta a las masacres de estudiantes cometidas por jóvenes francotiradores en diversos centros escolares. Estuvo en vigor durante diez años.
Con la desaparición de esa restricción legal, de nueva cuenta el negocio de las armas se encuentra en franco apogeo, lo cual ha favorecido a los cárteles del narcotráfico en América Latina, que en los últimos años han adquirido todo tipo de armamento para continuar la guerra entre ellos y en contra de militares, policías y, sobre todo, la población civil. Las bajas civiles durante el sexenio de Felipe Calderón, ascienden a más de 50 mil.
El Estado de México, el Distrito Federal, Baja California, Jalisco, Guanajuato, Veracruz, Chihuahua, Puebla y Tamaulipas son las entidades que concentran 60% de los delitos denunciados cada año; y son también las principales receptoras del contrabando de armas desde Estados Unidos, que ha llegado a incluir misiles tierra-aire, con los cuales incluso se amenazó a funcionarios estadunidenses y mexicanos.
