Reconocimiento

Las mexicanas hemos realizado muchos esfuerzos para equilibrar nuestra representación política. Hacer que se escuche nuestra voz

El pasado miércoles 30 de noviembre, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación dictó sentencia. Para las mexicanas y los mexicanos ha sido una jornada brillante, porque se refrenda, por una parte, el valor de la palabra como el único método para mejorar la democracia. Por la otra, refleja el avance de las mujeres en cuanto a la difusión y sensibilización entre los magistrados, de la perspectiva de género y su importancia para la igualdad efectiva entre mujeres y hombres.

La sentencia es importante, ya que obliga a los partidos políticos a olvidar las trampas hasta ahora realizadas para incumplir con la llamada cuota de género. Para dejar en el pasado episodios fraudulentos en los que se nominó a una candidata, con el compromiso de que renunciara una vez obtenido el triunfo, para que el suplente ocupara un lugar que correspondía a una mujer. Un fraude de los partidos que no debe volver a repetirse.

También se frenó la cada vez más constante violación a través de lo que se conoce como “métodos de democracia indirecta”: nominar a candidatas y a candidatos vía asamblea de delegados, por ejemplo, o al establecer alianzas y coaliciones, ya que se puso como excepción el cumplimiento de la cuota de género. Con esto se hizo nugatorio el derecho a ser postuladas, pues se nominaba, mayoritariamente, a hombres.

Los pretextos para no nombrar a mujeres han sido de lo más extravagantes: “No hay mujeres” (siendo que somos más de la mitad de la población); “No están capacitadas” (¿y los hombres sí?). Estamos más que dispuestas a capacitarnos en los temas que sea necesario, y lo estamos haciendo, pero también exigimos igualdad en cuanto a este requisito para acceder a cargos de elección popular.

La desigualdad entre mujeres y hombres en los cargos de toma de decisiones, especialmente en el nivel local, impide el ejercicio de un derecho humano. La igualdad en esta esfera debe ser vista desde su relación con el ejercicio de la ciudadanía, pues fortalece los sistemas democráticos, los sistemas electorales, la descentralización y la gobernabilidad. La importancia de aumentar sostenidamente la participación y representación de las mujeres en los puestos de adopción de decisiones (vía la ley de cuotas), a todos los niveles, tanto aquellos de elección popular como de designación, es necesaria para mejorar la gestión pública.

Las mexicanas hemos realizado muchos esfuerzos para equilibrar nuestra representación política. Hacer que se escuche nuestra voz, que las políticas públicas y las leyes que rigen la convivencia entre las y los ciudadanos consideren nuestras necesidades, intereses y aspiraciones es nuestro propósito, mismo que redunda en una mejor calidad de vida para todos.

Nuestro reconocimiento a la magistrada y a los magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial, a las diversas organizaciones civiles que, a lo largo y ancho del país, están buscando hacer efectivos sus derechos políticos, a las académicas y académicos que dedican su atención al tema, a las oficinas de Naciones Unidas que han apostado por las mexicanas (ONUMUJERES; PNUD) y a los cada vez más numerosos aliados en esta larga jornada por la igualdad.

        *Comunicación y opinión            pública. Iniciativa SUMA,

            democracia es igualdad.

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