Siria: ¿siguiente guerra humanitaria?

El embajador de EU se ha dedicado a la tarea de reclutar escuadrones de la muerte árabes para combatir en Siria.

El esquema de la inminente agresión contra Siria tiene la misma configuración que el empleado para destrozar a Libia y derrocar a Muammar Gadhafi. Julie Lévesque, investigadora y analista del Centro de Investigación de la Globalización en Canadá, comentó en días pasados en Global Research: “El alzamiento sirio parece una copia del movimiento de protesta en Libia… Los consorcios informativos tienen de nuevo una sola fuente de información: los grupos opositores”.

No se trata de negar la voz a quienes tengan motivos legítimos para oponerse al régimen del Partido Baath sirio, encabezado por el presidente Bashar al-Assad, sino de saber a quién representa esa oposición, qué tan auténtica es y si tiene verdaderas raíces en la opinión ciudadana.

“Los medios occidentales”, escribe Lévesque, “minimizan las bajas militares y omiten informar que escuadrones paramilitares, con alrededor de 17 mil integrantes, de acuerdo con un informe del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (reconocida autoridad en conflictos político-militares en el mundo, con sede en Londres), ocupan las primeras filas en las manifestaciones contra al-Assad”. En contraste, confieren plena credibilidad al llamado Consejo Nacional Sirio, un organismo de extrema derecha, antidemocrático, sin representatividad popular.

Desde abril de 2010, el Instituto George W. Bush, de Dallas, Texas, que en su nombre lleva su fama, reunió a “disidentes políticos de China, Irán, Rusia, Egipto, Siria, Venezuela y Cuba”, para examinar “los éxitos y los desafíos de los movimientos políticos disidentes con presencia en la internet en todo el mundo”. Experiencia y tecnología al servicio de los promotores de desórdenes internos, carentes de apoyo popular verdadero.

Los casos de Libia y Siria son fundamentalmente diferentes de la llamada primavera árabe, que condujo al derrocamiento de gobiernos represores, conservadores, aliados de Estados Unidos, como el de Hosni Mubarak, en Egipto, donde la cúpula militar ha intentado mantener el viejo orden con una fachada a la que se dio una mano apresurada de barniz seudodemocratizador. Por ello, la situación egipcia es nuevamente volátil.

Wayne Madsen, un periodista independiente que trabaja desde Washington, DC, colaborador de importantes diarios, agencias noticiosas, portales en la internet; analista de temas de seguridad y defensa en Fox News, la CNN, la BBC y Al-Jazeera, entre otros medios de presencia internacional, denunció que el embajador estadunidense en Siria, Robert S. Ford, se ha dedicado a la tarea de reclutar escuadrones de la muerte árabes, integrados con militantes de Al-Qaeda en Afganistán, Irak, Yemen y Chechenia, para que combatan contra las fuerzas militares y de la policía en Siria.

Nuevamente, los intereses geopolíticos y geoestratégicos se imponen a las presuntas diferencias ideológicas, que harían de Al-Qaeda uno de los peores enemigos de Estados Unidos. Así como Washington entrenó y financió a Osama bin Laden y sus combatientes de la guerra santa para lanzarlos contra los soviéticos en Afganistán y luego contra los rusos en el Cáucaso, ahora no vacila en aprovechar esa misma reserva en Siria.

Entre 2004 y 2006, Ford fue agregado político en la embajada de Estados Unidos en Irak, entonces a cargo de John Dimitri Negroponte, quien fuera también embajador estadunidense en Honduras de 1981 a 1985, periodo durante el cual fue una figura clave para organizar a la contrarrevolución nicaragüense y apoyar la creación de los escuadrones de la muerte comandados por Roberto d’Aubuisson. Negroponte le encomendó a Ford la tarea de aplicar la opción salvadoreña en Irak, para reprimir el movimiento insurgente contra la ocupación estadunidense.

Hoy en día, como embajador en Siria, Ford sigue fiel a la opción salvadoreña y organiza escuadrones de la muerte fundamentalistas, que preparan el terreno para la insurrección popular y la siguiente guerra humanitaria a cargo de Washington y sus aliados de la OTAN. La estrategia es tan obvia, que el mundo entero debería darse cuenta, de no mediar la eficiente labor propagandística y desinformadora de los grandes consorcios mediáticos occidentales.

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