Comercio, género y equidad en América Latina
Se ha fundamentado la definición de identidades y de proyectos de vida diferenciados para ambos sexos
Las desigualdades de género se originan en la división sexual del trabajo que asigna a las mujeres a la reproducción en el ámbito de lo privado y no remunerado y a los hombres a la producción en el ámbito de lo público y remunerado. Ello ha fundamentado la definición de identidades y de proyectos de vida diferenciados para ambos sexos y ha justificado la distribución asimétrica y desigual del poder y los recursos.
El estudio de la "economía del cuidado" refiere al espacio donde la fuerza de trabajo es reproducida y mantenida, incluidas todas aquellas actividades que involucran las tareas de cocina y limpieza, el mantenimiento general del hogar y el cuidado de los niños, los enfermos y las personas con discapacidad.
Un componente importante está a cargo de las familias y, en su interior, son las mujeres las que se han encargado de desarrollar esas tareas en forma no remunerada. Se complementa con los servicios provistos por el sector público y el privado. Y, también, con los servicios que provee la comunidad y las ayudas informales entre hogares.
La forma en que se organiza la provisión de cuidado tiene consecuencias para la igualdad de género, ya sea porque se incrementen las capacidades y opciones de las mujeres y los hombres o se perpetúe el confinamiento de las mujeres a las funciones de cuidado. A su vez, el cuidado es fundamental tanto para el bienestar humano como para el desarrollo económico y social. Es un componente central en el mantenimiento y el desarrollo del tejido social, tanto para la formación de capacidades como para su reproducción. (Razavi, 2007)
La formulación de políticas públicas no debe ignorar sus impactos sobre la economía del cuidado. El Informe de Desarrollo Humano advierte que el proceso de globalización y las políticas que los estados implementan influyen sobre la provisión de cuidado. Su conclusión es que dicho proceso está tensionando a estos actores. Por un lado, porque la intensificación de las presiones competitivas tiende a transformar las formas de trabajo, así como las modalidades de contratación. La precarización de las relaciones laborales, los bajos salarios, el desempleo y la informalidad reducen el acceso a servicios de cuidado de calidad. A su vez, se consolida el paradigma de "trabajador ideal" como el que se ocupa a tiempo completo, y destina poco tiempo a las tareas de mantenimiento físico del hogar y cuidado de las personas dependientes. Ello ha restringido el tiempo del que disponen hombres y mujeres para proveer cuidado no remunerado, junto con una mayor participación laboral de las mujeres. Por otra parte, la calidad de los servicios del sector privado se ve comprometida por presiones competitivas, y la oferta de servicios públicos es tensionada por las presiones fiscales.
El déficit en la provisión de cuidado afecta la acumulación de capital social (Staveren, 2000) e impacta en el funcionamiento del sistema económico y tiene consecuencias para el aprovechamiento de las oportunidades de crecimiento y desarrollo, o sea, en las opciones de vida que afectan el bienestar de mujeres y hombres.
*Red Internacional de Género y Comercio. Capítulo Latinoamericano.
