El erario de la muerte
Resulta una cifra alarmante lo que los países invierten en armamento nuclear.
Las cifras que se mueven en torno a la maquinaria de la destrucción definitiva, de la guerra del fin del mundo, pueden ser más que abrumadoras, en ocasiones, incluso incomprensibles. Conforme a información recabada por mi amigo David Krieger, presidente de la Fundación para la paz en la Era Nuclear, (NAPF, por sus siglas en inglés), Estados Unidos ha gastado a la fecha algo así como siete billones 800 mil millones de dólares en armas nucleares. ¿Es posible imaginar siquiera el monto real de esos recursos?
En la actualidad, existen nueve países con un total de más de 20 mil armas nucleares en sus arsenales y un gasto promedio de 105 mil millones de dólares anuales, para totalizar un billón durante la próxima década. Washington eroga alrededor de 60 por ciento del total. Y una aclaración necesaria, estoy utilizando las cifras de nuestro sistema métrico decimal, un billón equivale a un millón de millones.
Conforme a estudios del Banco Mundial, entre 40 y 60 mil millones de dólares invertidos cada año, serían suficientes para cumplir los ocho puntos de los Objetivos de Desarrollo del Milenio de las Naciones Unidas, que buscan aminorar la pobreza y la desigualdad en un plazo que se extiende hasta 2015.
El cumplimiento de tales objetivos implicaría la erradicación de la pobreza extrema y el hambre, el logro de la educación primaria universal, promover la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres, reducir la mortalidad infantil, mejorar la salud materna, combatir el VIH-sida y otras enfermedades aniquiladoras, garantizar la sustentabilidad ambiental e impulsar alianzas para el desarrollo.
Estados Unidos destina más de 60 mil millones de dólares al año para armamento nuclear, cifra que será incrementada, según todos los indicadores, a unos 70 mil millones durante la próxima década. Su presupuesto respectivo supera el de los otros ocho estados nucleares juntos.
Si se pregunta casi a cualquier persona si puede imaginar un mundo sin armas nucleares, la mayoría dirá que sí, incluso en los países que disponen de arsenales de esa índole, de acuerdo con la Campaña Internacional para Abolir las Armas Nucleares (ICAN, por sus siglas en inglés), una nueva iniciativa de la sociedad civil cuya presencia se incrementa paulatinamente.
Sin embargo, los gobiernos envían señales muy distintas, que en resumidas cuentas equivalen a decir: sí, tal vez algún día, pero no en nuestra época. Frente a ellos, una coalición de alrededor de dos mil organizaciones empeñadas en la abolición de las armas nucleares se reunió en Ginebra el 16 de septiembre pasado. El programa incluyó un panel de representantes de la sociedad civil organizada para examinar las perspectivas para el desarme nuclear.
Está claro que después de años de una lucha activa e incansable, de la que es representativo en México el Círculo Latinoamericano de Estudios Internacionales, el apoyo es cada vez mayor. En Naciones Unidas, 133 países se han declarado en favor de una Convención sobre Armas Nucleares, comenta Alyn Ware, educador y activista neozelandés por la paz y el desarme, que coordina a un grupo de parlamentarios de varios países, comprometidos con este objetivo.
“El éxito de los tratados internacionales referentes a otro tipo de armamento y lo absurdo de mantener arsenales nucleares en un mundo más interconectado e interdependiente que nunca ayuda a explicar la tendencia a un apoyo cada vez más universal”, añade Ware. Una convención que prohíba las armas nucleares es el objetivo principal de la ICAN.
Tim Wright, de ICAN Australia, convoca a las organizaciones de la sociedad civil en todo el mundo a pugnar por la proscripción de las armas nucleares sobre la base del derecho internacional humanitario; a que no se invierta en empresas involucradas en la producción de armamento nuclear, ni se adquieran otros productos de consumo cotidiano que comercialicen; y a desafiar a los estados poseedores de esos arsenales, ya que tienen la obligación legal de promover el desarme nuclear, pero se han dedicado a modernizar sus arsenales.
