Mujeres con decisión
Las mujeres en México somos la mitad de la planta académica y de investigación en áreas directamente vinculadas al análisis y quehacer político. Somos cabeza de familia de alrededor de un tercio de los hogares jóvenes mexicanos. Somos casi la mitad de los empleados y ...
Las mujeres en México somos la mitad de la planta académica y de investigación en áreas directamente vinculadas al análisis y quehacer político. Somos cabeza de familia de alrededor de un tercio de los hogares jóvenes mexicanos. Somos casi la mitad de los empleados y funcionarios de base de la administración pública federal. Somos más de la mitad de la militancia activa de los partidos políticos al nivel de calle y del barrio. Somos más de la mitad del padrón electoral.
Sin embargo sólo representemos 3.4% de los presidentes municipales del país y 3.1% de sus gobernadores. Integramos menos de una cuarta parte del Congreso de la Unión y menos de una quinta parte de los altos órganos de dirección de los Tres Poderes de la Unión y de sus organismos constitucionales autónomos. ¿Por qué persiste esta subrepresentación? Todo avance de un género en la distribución de los espacios legislativos implica un retroceso del otro género. Este desplazamiento provoca reacciones y fricciones. Es una ley de la física y también de la política. Dos cuerpos no pueden ocupar el mismo espacio, ni físico ni político. No basta con apelar al merito propio, al bien público, al sentido común, a la igualdad, al compañerismo militante o a la congruencia partidista, es necesario estar preparadas para luchar por la conquista de los espacios que nos alejan de la paridad, tanto en la arena política como en la jurídica.
Si queremos avanzar en participación política en niveles de decisión es indispensable adentrarnos en la cultura de la defensa de nuestros derechos. Derecho que se ignora es como si no existiera. Derecho cuyos procedimientos de defensa se desconocen es sólo como una promesa contingente, una promesa de amor. Sin justiciables ante los tribunales la ley es muda y es sorda y es ciega.
La cultura de la defensa de los derechos es la que da vida al derecho y garantías a la participación política. A golpe de sentencias, se hace derecho al andar. Cuando esta lucha por el derecho no se da, el derecho cesa, se convierte en graciosa concesión que te ofrecen o que te quitan.
Si hemos de ser realistas debemos reconocer que todo avance adicional en la participación política de las mujeres requerirá salvaguardas contra los subterfugios y la simulación. Requerirá luchar por el derecho. Requerirá acrecentar y consolidar la cultura de la defensa de nuestros derechos.
En los últimos meses la Suprema Corte de Justicia ha dictado sentencias relevantes en materia de derechos humanos que transforman de manera sustancial la justiciabilidad de los derechos de las mujeres. Somos testigas privilegiadas de una revolución jurídica sin presedentes cuyo impacto pleno apenas se avizora. De una revolución jurídica que podemos y debemos aprovechar.
No podemos llegar al proceso electoral de 2012 sin claridad ni voluntad política para impulsar la representación política de las mujeres. Sin el propósito de que se cumpla con la letra y con el espíritu de ley.
Que no haya retrocesos en los importantes logros conquistados en el marco de las leyes por las mujeres. Que las cuotas para el registro de candidaturas se respeten y que los presupuestos destinados a la formación de liderazgos femeninos se apliquen. Y, sobre todo, que estas medidas no se vean como obstáculos al trabajo partidista, sino como herramientas de perfeccionamiento democrático y de aprovechamiento del invaluable capital político y humano que las mujeres representan dentro de cada uno de los partidos políticos.
*Presidenta del Consejo Ciudadano Mujeres al Poder
