¿Cómo será la campaña por la Presidencia? ¿Sin ideas y propuestas novedosas?

Las campañas que desarrollan candidatos y partidos para obtener el triunfo en la elección presidencial, por desgracia, son chabacanería pura.

La reciente turbulencia que llevó a nuestra divisa a las vecindades de los catorce pesos y las declaraciones de la señora Lagarde acerca de la situación que se viene, las vi como una excelente oportunidad para que Cordero, Vázquez, Creel, Beltrones y Peña expresaran algunas ideas novedosas acerca de cómo enfrentar la primera y prepararnos para el agravamiento seguro de la situación mundial que dejaron ver las segundas y, por qué no, para que nos dieran indicios de cómo enfrentarían y con qué medidas —ya desde la Presidencia de la República—, un periodo recesivo.

Sin embargo, reconozco —pues la realidad ahí está para exhibirme en caso de negarme— que sólo obtuve el silencio de los cinco en torno a los dos temas que planteo en el párrafo anterior. Fue preferible —para los cinco— hacer mutis, quizás por el compromiso que habría establecido el que hubiera planteado algo, y también por el temor bien fundado de perder votos. En consecuencia, seguirán ocupándose de cosas light que, como sabemos, a nadie y a nada comprometen.

Esta conducta, como sabe el que siga la política mexicana y sus principales actores, no es nueva; nos viene de lejos en el tiempo y parece, dado el nivel tan bajo en materia de democracia y cultura cívica de nuestro elector promedio, que eso es lo único que veremos a lo largo de toda la campaña y en los meses previos a su principio.

Ante la complejidad de los problemas que alguno de los cinco enfrentará como Presidente de la República, ¿fue razonable dicho comportamiento? ¿Es más, puede alguien afirmar sin equivocarse, que conducirse así —electoralmente hablando—, es rentable hoy y lo será mañana?

¿A qué se debe que no hubo, entre los cinco, uno que se atreviera a hacer a un lado el miedo a las críticas de los otros, y se lanzara al ruedo a opinar acerca de “cómo hacerle” para enfrentar los graves problemas de nuestra economía? ¿Acaso lo único que obtuvimos fue una metáfora más de parte del doctor Carstens, la cual, por fortuna, esta vez corrió con mejor suerte que las anteriores, pues ligó —con buen tino— polvo y divisas?

Las campañas que desarrollan candidatos y partidos para obtener el triunfo en la elección presidencial, por desgracia, son chabacanería pura, dispendio sin fin y carencia total de ideas novedosas y propuestas inteligentes. Cada seis años vemos el trillado espectáculo de las reuniones “temáticas” donde lo único nuevo es el logo en las pastas de las carpetas y las actualizaciones estadísticas de las cifras planteadas en la campaña de Ruiz Cortines.

Todo indica que hay un pacto no escrito —entre candidatos y partidos— para no hacer olas; para únicamente repetir los lugares comunes que cada uno domina a la perfección, puesto que son otros los mecanismos que les permiten acumular los votos necesarios para obtener la victoria.

¿Plantear ideas novedosas y propuestas atractivas que, de concretarse, eliminarían prácticas caducas, trámites absurdos y obstáculos arraigados desde hace decenios que nos impiden crecer? ¿Promover, desde la campaña, reformas que sentarían las bases de un crecimiento a tasas altas? ¡Imposible! Esto no es Suecia y menos el Reino Unido; México es un país que en materia de ideas, aún vive en los albores del Siglo XX.

Temas: