Hoy entrega el Ejecutivo el Paquete Económico; ¿mantendrá en él, el viejo error?

Ya veremos cuál es el nivel de gasto propuesto por el gobierno, el cual será modificado al alza por los diputados, que ven la tempestad y no se hincan.

Tal y como marca la ley, este día el Poder Ejecutivo –representado por la Secretaría de Hacienda–, hará entrega al Legislativo de lo que conocemos como “Paquete Económico”.

En él, además del que considero el documento fundamental de dicho Paquete –los “Criterios Generales de Política Económica”– vendrán dos documentos –los proyectos de Ley de Ingresos y de Presupuesto de Egresos de la Federación– que permitirán saber si el Ejecutivo cree aún en ese absurdo que significa asignarle al gasto público poderes que en modo alguno posee.

Si bien en todo año electoral –enseña la experiencia y lo dicta la ley no escrita del uso ineficiente de recursos del erario–, el gobierno en turno piensa que está obligado a abrir más la llave del gasto, espero que esta perversa costumbre sea rota y enviada al único lugar donde debería estar: el rincón de las ideas equivocadas acerca del crecimiento.

El gasto público, como saben los economistas serios y quien no es presupuestívoro, no posee virtud alguna en lo que se refiere a la creación de empleos y crecimiento sostenido de la economía; por el contrario, lo que sí hace –y muy bien– es generar dispendio, elevar los niveles de corrupción y crear una euforia temporal que fortalece la idea equivocada de los vividores del gasto en cuanto al uso de los recursos públicos.

Si faltaren argumentos para probar la inutilidad del gasto como generador de empleo, bastaría revisar lo que ha pasado estos tres años para probarlo. No recuerdo periodo recesivo en el que se haya utilizado tanto dinero público para estimular la economía con miras a generar empleo, que éste; tampoco, una recesión donde el fracaso en esta materia haya sido mayor.

Las condiciones de incertidumbre y volatilidad que enfrentamos y las consecuencias que una economía con los atrasos estructurales de la nuestra tendrá que sufrir, obligan a la austeridad, al recorte en el gasto y al incremento de la captación fiscal mediante medidas tan simples como éstas –entre otras–: eliminar el regresivo subsidio a las gasolinas y por supuesto, darle una buena recortada al barril sin fondo que es hoy lo que conocemos como “Gastos Fiscales”.

Por fortuna, el triunfalismo ha debido ceder espacios para que la realidad aparezca; las bravatas de Calderón han dado paso a juicios objetivos pero no tan claros y precisos como debería ser dada la importancia del funcionario. Dijo el secretario de Hacienda este lunes en la Conferencia de Prensa sobre la evolución del empleo: “…creo que en un mundo tan interconectado con tantas relaciones económicas, sociales, de comercio, es muy difícil que lo que pase en todo el mundo no afecte a un país en particular.”

Hoy, más que nunca, la objetividad es obligada; es imposible, negando lo evidente, enfrentar la coyuntura actual. Bueno sería dejar de lado la petición pueril de la renuncia de Cordero para dedicarnos a buscar el acuerdo que nos dé un Presupuesto y una Ley de Ingresos que respondan a la situación difícil que como dijo aquél: “…seguramente nos afectará…”.

Ya veremos lo que trae el Paquete Económico y cuál es el nivel de gasto propuesto por el Ejecutivo el cual, sin duda, será modificado al alza por los diputados pues estos, “ven la tempestad y no se hincan”.

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