Un Estado fallido y controlable

La operación de Estados Unidos y sus aliados de la OTAN en Libia tiene el objetivo de instaurar un Estado fallido y controlable. “Fundamentalmente, esta guerra sirve para mantener al África en una posición subordinada en la economía global”, considera Dan ...

La operación de Estados Unidos y sus aliados de la OTAN en Libia  tiene el objetivo de instaurar un Estado fallido y controlable. “Fundamentalmente, esta guerra sirve para mantener al África en una posición subordinada en la economía global”, considera Dan Glazebrook, analista del diario británico Morning Star y secretario del capítulo británico de la Unión Internacional de Parlamentarios por Palestina.

En 2010, Muammar Gadhafi propuso a la Unión Africana que ningún país del continente tuviese bases estadunidenses en su territorio. La iniciativa fue aprobada mayoritariamente.

Desde entonces, Estados Unidos se propuso derrocarlo, con el aliciente adicional del control del petróleo, el oro y los acuíferos libios.

Subraya Glazebrook que “los rebeldes constituyen un grupo muy dispar. Algunos de los dirigentes que conocemos, mantienen relaciones estables con el Occidente y sus instituciones financieras desde hace ya varios años.

“La mayoría es gente de la OTAN que intenta suplantar al Estado libio, como se hizo en Irak o Afganistán, donde se instauró un gobierno disfuncional e incapaz de garantizar la seguridad en medio de una guerra civil”.

Pero no se trata de un error de la OTAN: prefiere crear Estados fallidos para no enfrentarse a Estados consolidados, poderosos, independientes y capaces de llevar a cabo transformaciones sociales, políticas y económicas. “Por eso combate en Libia y el Consejo Nacional de Transición es su apuesta para el control del país en un futuro pos Gadhafi”, considera el analista.

La situación en Libia continúa dominada por la incertidumbre, pese a que los rebeldes han logrado controlar una parte importante del territorio.

Mientras se daba a conocer que la esposa y dos hijos de Gadhafi se habían refugiado en Argelia y tanto los estadunidenses como sus aliados europeos, comenzaban a buscar la manera de apoderarse de ellos como rehenes.

Paralelamente, cables diplomáticos dados a conocer por WikiLeaks el miércoles y el jueves últimos, dan a conocer que el gobierno de Estados Unidos y algunos de los principales personajes políticos estadunidenses, buscaban alianzas y vínculos más estrechos con el satanizado dirigente libio.

El más contundente de esos cables —puntillosamente omitidos por los grandes medios occidentales— da cuenta de una reunión, en agosto de 2009, de Gadhafi y su hijo y asesor de seguridad nacional, Muatassim, con los senadores republicanos John McCain, Lindsey Graham, Susan Collins y Joe Lieberman.

McCain, candidato republicano a la presidencia en 2008, que hoy en día se refiere a Gadhafi como “uno de los dictadores más sanguinarios de la Tierra”, le ofreció en Trípoli, hace dos años escasos, que Washington proporcionaría a Libia “el equipo necesario para su seguridad”; y se comprometió a lograr que tales acuerdos fueran aprobados por el Congreso estadunidense.

Conforme al cable de la embajada de Estados Unidos en Trípoli, McCain “alentó a Muatassim Gadhafi para que considerase la perspectiva a largo plazo de un compromiso bilateral de seguridad, sin perder de vista que los pequeños obstáculos que podrían surgir de vez en cuando, serían superados”.

A juicio del senador y ex candidato presidencial republicano, había lugar para una relación militar bilateral más firme; y ofreció capacitación en Estados Unidos para integrantes de las fuerzas armadas y las fuerzas de seguridad libias, “con los mejores programas”.

El cable contiene también esta cita del senador Lieberman: “Nunca hubiera imaginado hace diez años que íbamos a ser recibidos en Trípoli por un hijo de Muammar Gadhafi.”

A continuación, definió a Libia como “un importante aliado en la guerra contra el terrorismo, puesto que los enemigos comunes logran que seamos mejores amigos”.

Esos enemigos comunes a los que hizo referencia Lieberman, son precisamente las fuerzas fundamentalistas islámicas activas en el este de Libia, contra las cuales Washington apoyó a Gadhafi; pero que este año decidió organizar, armar y dirigir, por medio de la agresión de la OTAN, para derrocar al líder libio.

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