¿Qué vamos a hacer?
Nos lo preguntamos todos, a todas horas y en todas partes. No hay respuestas fáciles. ¿Qué vamos a hacer con el crimen? Hasta ahora sólo sabemos lo que el crimen puede hacer con nosotros. Quizá primero haya que vencer el miedo. Superar la violencia no es nada más ...
Nos lo preguntamos todos, a todas horas y en todas partes.
No hay respuestas fáciles.
¿Qué vamos a hacer con el crimen? Hasta ahora sólo sabemos lo que el crimen puede hacer con nosotros.
Quizá primero haya que vencer el miedo. Superar la violencia no es nada más cosa del gobierno. Quizá debamos darnos cuenta de que sin el compromiso de cada uno de nosotros no se logrará mucho más.
Corren días de búsqueda y reflexión. De angustia. Se trata de reunir algunos elementos para (re)ubicarnos y (re)aprender a (sobre)vivir.
Encuentro una reflexión que explica la violencia criminal.
“El desempleo es el factor más importante que lleva a integrar pandillas y movimientos rebeldes.”
Esto no lo dice un marxista trasnochado de hace cuatro décadas. Es la advertencia de Conflicto, Seguridad y Desarrollo, del Banco Mundial. Y, más conservador, ni el Papa.
Del análisis saltan algunas conclusiones: las distorsiones económicas del liberalismo y el capitalismo salvaje, el culto a la lana rápida y fácil, y el dios del consumismo, son la gasolina que nos incendia.
En países con pobreza difícil, como el nuestro, la violencia ha creado un coctel social explosivo.
El presidente Felipe Calderón lo reitera: “Tenemos un grave problema de desmoronamiento o debilitamiento institucional en muchos cuerpos de seguridad pública, procuradurías, de una gran descomposición social y corrupción en algunos lugares”.
Nadie lo duda. La infiltración criminal de las fuerzas de seguridad y el riesgo de ser victimizado por agentes de autoridad al servicio de los delincuentes desmoralizan cualquier apoyo ciudadano.
Pero también hay otros agentes del debilitamiento institucional.
La expansión del mercado laboral no es el signo del gobierno encabezado por quien ofreció ser “el Presidente del empleo”. La sociedad necesita un millón 200 mil nuevos puestos de trabajo cada año. La promesa no se ha cumplido. Si acaso se han creado 400 mil empleos anuales. El resto tiene que ocuparse en la informalidad.
Las fronteras entre formal e informal, legal e ilegal, legítimo y criminal, hace mucho que no son claras. Ahora menos. Son zona gris donde prolifera la inseguridad que deriva en impunidad y violencia.
Vivimos dentro de lo que Leoluca Orlando, el entonces alcalde que sometió a la mafia siciliana en Palermo, llama “la ética de la conveniencia”.
Para frenar al crimen, dice, “es necesario vivir en la legalidad, restituir la importancia de la educación, de la cultura, de la palabra, de la vida social, de la confianza en la autoridad. Un maestro de primaria debe ser más poderoso que un policía”.
La criminalidad no sólo es un asunto de policías y ladrones.
MONJE LOCO. “Se nos pasó la mano”, dicen los responsables del ataque al Casino Royale. Utilizaron 40 litros de gasolina. Se gastaron 416 pesos. Eso costó matar a 52 personas. Como si cada muerto valiera siete pesos con 80 centavos. Ya se sabe, ya se supo.
Twitter: @JoseCardenas1
