Fernando Solana, enamorado de México
Como secretario de Comercio, imaginó estrategias que dieron frutos en la propuesta para celebrar tratados comerciales.
La riqueza de un país y también su pobreza está en sus hombres. Los buenos mexicanos han construido un país que los malos se empeñan en derruir. Como decían en mi pueblo: “A roídas una cucaracha se comió al santo”. Eso parece que nos está pasando. Entre los primeros, los buenos, hay una pléyade que han dedicado su trabajo a fortalecer instituciones, a sembrar ideas, a desarrollar proyectos, a formar nuevas generaciones.
Fernando Solana es de éstos, un hombre global. Su trayectoria no tiene paralelo y si alguna comparación pudiera darse, pienso en Ignacio Manuel Altamirano, el polifacético liberal del siglo XIX, que igual escribía novelas que obras de teatro o poesía que aún perduran, empuñaba la espada para luchar por sus ideales o dictaba resoluciones jurisdiccionales en la Suprema Corte de Justicia.
El siglo XX mexicano, en su segunda mitad, vio a Fernando Solana ocupar los más altos cargos de la administración pública, de la política internacional, de la gestión bancaria, como si ser universal fuera la especialización.
No fue, como sucede generalmente con los políticos encumbrados, hombre de un Presidente. No hay muchos mexicanos que hayan ocupado los cargos más altos de la administración pública de manera sucesiva por tanto tiempo. Pienso en Antonio Ortiz Mena, Antonio Carrillo Flores, Jesús Reyes Heroles y Sergio García Ramírez.
Su paso por la historia mexicana inicia con sus tareas a favor de la educación superior en la casa de todos los mexicanos: la UNAM, el proyecto cultural más importante de México. El paso de Fernando Solana por la Secretaría General de la UNAM, al lado del rector Javier Barros Sierra, en el aciago 68, lo marcaron como defensor que fue de la autonomía universitaria, de los principios políticos de convivencia, pluralidad, tolerancia y apertura. Solana marchó del brazo de Barros Sierra cuando los universitarios decidimos salir a la calle.
Como secretario de Comercio, imaginó estrategias que dieron sus frutos en la propuesta mexicana para celebrar tratados comerciales con el mundo.
Ocupó en dos ocasiones la Secretaría de Educación Pública —la casa de Vasconcelos— en la que dejó una huella que aún perdura por las instituciones que formó, los planes y estrategias que diseñó. Con una claridad mental y ánimo desconcentrador diseñó las delegaciones de la SEP en todo el país, como el paso previo a la descentralización.
Propuso la creación del Colegio Nacional de Educación Profesional Técnica (Conalep).
Además, basado en buena medida en el Consejo Nacional de Fomento Educativo (Conafe), institución ejemplar de la educación para los marginados mexicanos, planteó la creación del Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA), que este año cumple 30 de funcionamiento.
Ocupó la Secretaría de Relaciones Exteriores en un momento de quiebre mundial, cuando cayó el Muro de Berlín y concluyó la Guerra Fría.
México tenía entonces una gran presencia internacional que perdimos en los últimos años y que ahora es indispensable recuperar.
En alguna ocasión en charla de amigos con José Francisco Ruiz Massieu, se mencionó que Fernando Solana no tenía defectos. Nunca un problema, ningún sub o sobre ejercicios presupuestales, ningún conflicto, ningún escándalo, sólo trabajo y realizaciones. Ruiz Massieu interrumpió y dijo que solamente tenía un defecto: ser muy enamorado.
Ahora, a veinte años de distancia, Ruiz Massieu tenía razón: Fernando Solana es un enamorado de su trabajo, de los equipos que formó, de los proyectos que dieron lustre a México en el mundo, un enamorado de México.
Fernando Solana recibirá esta tarde el premio internacional Gustavo Ramírez Cabañas, que otorga el Instituto Nacional de Administración Pública (INAP). Fernando Solana es un ejemplo para México y para los jóvenes mexicanos de nuestro tiempo que tanto requieren de modelos a seguir.
Su tarea a favor de un tejido social más justo, una sociedad verdaderamente igualitaria, un gobierno eficaz y limpio debe rescatarse.
Fernando Solana recibe un premio esta tarde, pero el reconocimiento de los mexicanos perdurará por siempre.
