Los efectos nefastos de llegar, siempre tarde, a los banquetes de la modernidad
- Hace 25 años no éramos el único país cerrado, pero hoy, prácticamente somos la economía más cerrada del planeta en ciertos sectores clave.
Si no me equivoco, creo que fue don Alfonso Reyes el que escribió: “Hemos llegado tarde al banquete de la civilización occidental”.
Si bien algunos no están de acuerdo con la frase, yo no dudo en aceptarla, pues considero que mucho tiene de verdad; basta observar con detenimiento a nuestro alrededor, para darnos cuenta que hay algo en nuestras conductas que no embona bien con eso que hemos dado en llamar “civilización occidental”, o “modernidad”. Creo que una de las razones de esto, es lo que dice la frase: Llegamos tarde, siempre.
Alguien a quien acudí para indagar de la frase dado su conocimiento de la historia, me explicó que además de válida bien refleja en gran parte nuestro comportamiento; es más, agregó, si a algunos molesta el hecho de la tardanza y no haber disgustado las viandas ahí servidas, podríamos decir que llegamos, sólo que lo hicimos cuando ya repartían el postre y el café.
Por más intentos que hacemos para encubrir o negar lo que refleja la frase, siempre enseñamos “lo que somos”. Hoy, es claro para el analista más superficial de la vida nacional, que llegamos tarde al banquete de la democracia y del desarrollo económico y agrego, a muchos otros; de ahí que al no haber escuchado lo que ahí se dijo, analizó y acordó, copiamos mecánicamente lo que los que llegaron temprano hacen de manera natural. Lo que allá “es naturalito”, aquí es el ridículo y lo kitsch.
Un ejemplo de nuestra tardanza, lo tenemos en la esfera económica. Hoy, en cuanto a modernidad se refiere, pienso que estamos peor en algunos aspectos que antes de 1987 cuando debimos abrir porque el modelo vigente hizo agua. Hace 25 años no éramos de los únicos países cerrados pero hoy, prácticamente somos el país con la economía más cerrada del planeta en ciertos sectores clave de la economía.
Sin embargo, llegar cuando el banquete finalizaba, no se registra sólo en la política y la economía; revise usted por favor la educación, su normatividad y legislación vigente y se va para atrás; también, de tener interés, analice el mercado laboral y la legislación que lo norma, y será transportado al paleozoico superior con todo y líderes sindicales que en esa era se sienten como peces en el agua. Para no hacerlo enojar, no le pido que revise lo relativo al campo.
Si quisiere revisar otros campos menos áridos, vaya a nuestra vida social y cultural y las cosas no mejoran; revise, si gusta, la moda que hoy seduce a nuestros jóvenes y no parará de reír por los desfiguros de quienes insisten en portar prendas diseñadas para otro tipo de físico y los nuestros, sin pena alguna, las portan orgullosos aun cuando luzcan, por decir lo menos, completamente ridículos.
La copia mecánica es lo nuestro; suplimos haber llegado tarde a la modernidad, copiando. Lo nuestro no es ser creativos, sino copiones. Es más, no sólo no reformamos sino que ni siquiera discutimos los temas; no vaya a ser que con la discusión se nos ocurra crear algo.
El consuelo, dicen algunos, es que en la debacle se logra avanzar en días lo que no se avanzó en años.
Por eso, todos los días pido que ése sea el bueno, el día de la debacle. Cuando ésta llegue, veré satisfecho que el cambio será tan veloz, que ni El Checo Pérez nos alcanzará.
