Político con vestimenta de banquero central

- Bernanke no llevó consigo a un grupo de

Pues mire usted, amigo lector, considerando que a la mitad de la semana pasada hubo un temblor de tierra (como les decimos aquí) de 5.8° en la escala de Richter en la región noreste de Estados Unidos, donde este tipo de fenómeno es realmente extraño; que esa misma región se ve amenazada por el huracán Irene (desde Carolina del Sur hasta Nueva Inglaterra, pasando por Washington, D.C. y Nueva York); que en la segunda revisión del crecimiento del PIB estadunidense del 2° trimestre, el cálculo se redujo de 1.3 a uno por ciento; que el sector de la construcción y vivienda de aquel país, cada vez que aparece —en sus diversas modalidades—, ofrece cifras desalentadoras; que en Europa las cosas siguen más o menos igual; que aquí, en México, los ciudadanos nos vemos cada vez más oprimidos por una acción del crimen organizado llena de brutalidad y sin medida, y que la Fed no ofreció un “rescate galáctico” (no hay por el momento un QE 3), los mercados no estuvieron del todo mal. Es decir, cerraron la semana en un nivel mayor al del viernes 19 de agosto pasado, y, en particular, el viernes 26, pese a todo, tuvieron un comportamiento digno, dado el contexto que describo.

En los días anteriores, la atención se centró en lo que el presidente de la Fed podía decir en la región de Jackson Hole el viernes pasado. Con usted compartí que no tenía muchas esperanzas de ver que Mr. Bernanke llegara al evento encabezando a un pelotón de no más de diez “marines” (es conveniente que el grupo sea multirracial y que incluya a una o dos mujeres guapetonas; alguna latina no viene mal), de esos que salvan al planeta contra los extraterrestres malos o cualquier enemigo que Hollywood elija, pero siempre que sea grande, feo y malo y salen triunfantes, con algunas bajas y, más o menos golpeados, pero vencedores. Y no me defraudó.

Actuó como lo que es: un banquero central. En una primera lectura del discurso, uno puede decir que no hay nada nuevo o inesperado. A ello obedeció la reacción inicial de los mercados, al menos en América. Bajaron sin piedad. En media hora, 2.7% el S&P 500 y dos por ciento nuestro IPC, respecto del cierre anterior. La verdad “daba frío”. Pero las cosas fueron tomando su lugar poco a poco. Como escribí al final del primer párrafo, tuvieron una evolución “digna”. Supongo que todos tuvimos oportunidad de dar una segunda lectura —y hasta una tercera— al discurso de Ben Bernanke y así acercarnos a una interpretación menos apasionada y presionada por el mercado, que, como sabemos, es raro que esté contento con algo; que cambia de opinión con rapidez y que no avisa.

Creo que el discurso de Bernanke fue bueno y bien estructurado, como le corresponde. No ofreció una acción salvadora, pero tampoco la negó. “Pateó la pelota” un mes hacia adelante, diciendo, además, que la próxima reunión de política monetaria del mes de septiembre, será de dos días (21 y 22 de ese mes), en vez de uno (como se había planeado), para discutir “a gusto”. Hizo una buena jugada para desviar toda la atención de su persona y de la institución que preside, haciendo ver que el banco central no puede hacer mucho más de lo que ya ha hecho, pero está dispuesto a intentar algo más, cualquier cosa que sea, dentro de su ámbito, pero que la mayor parte de las cosas que pueden hacerse para reencauzar a la economía estadunidense en la senda del crecimiento, corresponde a otros, no a la Fed. De paso, le dio un “llegue” a los políticos que, con cuyas acciones del pasado reciente comprometen al prestigio estadunidense de ser “el safehaven”, a la vez que aludía a los temas de endeudamiento y política fiscal en el sentido de un necesario cambio en estos para poder salir del atolladero en que se encuentran.

Claro que Mr. Bernanke se “cubrió las espaldas”, ofreció una serie de recomendaciones generales de lo que hay que hacer para favorecer al crecimiento, recalcó los temas de estabilidad de precios, omitió lo que la Fed ha dejado de hacer en términos de regulación y vigilancia en el sector financiero y le dejó abierta la puerta al presidente Obama para que presente su plan para reanimar a la economía el próximo 5 de septiembre, hasta donde sabemos. Actuó como lo que es: un político dedicado a la banca central. Ojalá le salga bien el “numerito”. Suerte.

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