Terror y distorsión

Lo esperablees que la autoridad tenga el valor de reconocer que su estrategia no funcionó.

El gobierno federal ha reconocido por fin que en México las bandas del crimen organizado están utilizando tácticas de terror para amedrentar y acorralar no sólo a la población, sino a las propias autoridades judiciales.

La estrategia de propaganda que han desarrollado estos grupos a través de las narcomantas, de los videos presentados en redes sociales, los narcomensajes que literalmente clavan en los cuerpos mutilados y torturados de sus víctimas, constituyen elementos que generan miedo y muestran el grado de sadismo del que son capaces.

Me atrevo a sostener que esos y otros elementos permiten hablar de una nueva forma de terrorismo que ha tomado por sorpresa a la autoridad. Se trata ya no sólo de las bombas al estilo de la ETA, sino de nuevas tácticas de violencia armada que son tan eficaces como el asesinato masivo de poblaciones inocentes.

Frente a una táctica así, lo esperable sería, no sólo la acción de las policías y las agencias de investigación, sino una inteligente estrategia de comunicación que desde el gobierno federal y los estatales permitiera contrarrestar los perniciosos efectos que al parecer están teniendo los mensajes de los delincuentes en la expansión de una cultura de violencia y de apología del crimen.

Por ello sorprende que, en medio de la tragedia, el titular del Ejecutivo aparezca en red nacional, decretando el luto nacional, hablando de la presencia del terrorismo en México, y simultáneamente se transmitan los mensajes triunfalistas del Quinto Informe de Gobierno.

En las teorías de la comunicación, el concepto de “distorsión” es definido como “la deformación de las imágenes o las señales y que es generada en su difusión o transmisión”. Eso es precisamente lo que está generándose desde la Presidencia con la emisión de mensajes contradictorios.

Hechos como el del pánico generado en el estadio de futbol del equipo Santos, en Torreón, y ahora la barbarie asesina ejercida en el Casino Royale de Monterrey, dan al traste a la estrategia de comunicación del Gobierno de la República porque, si bien es cierto que hay países con mayores tasas de homicidios, lo es también el hecho de que no hay muchos lugares en el mundo en los que aparezcan cuerpos colgados y acribillados en puentes peatonales, cabezas humanas arrojadas a las puertas de las dependencias policiales, defensores de derechos humanos acribillados frente a las instalaciones de la autoridad, y un largo etcétera, que muestra niveles de violencia que difícilmente pueden tener parangón con lo que ocurre en otras partes.

Es hora de la responsabilidad y, en función de ello, lo esperable es que la autoridad tenga el valor de reconocer que su estrategia no funcionó: que los cárteles de la droga no han perdido ni capacidad operativa ni presencia territorial; que el crimen del orden común ha tenido repuntes importantes en crímenes de alto impacto, como el secuestro, el rapto y las violaciones sexuales; que las policías no han mejorado sustantivamente y que, en general, la población en todas las entidades hoy se siente mucho más insegura que en el pasado.

Entre el terror y la distorsión de los mensajes de la comunicación del gobierno, la opción dejada a la ciudadanía es la de la incertidumbre y el miedo; una fórmula a todas luces inadecuada, si lo que se busca es la consolidación de nuestra atribulada democracia.

            *Director del CEIDAS, A. C.

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