Terrorismo
Aun con la cantidad de muertes que ha causado en México, el crimen organizado no ha utilizado armas de destrucción masiva.
¿Qué significa para la relación bilateral México-Estados Unidos que el presidente Felipe Calderón se haya referido al ataque en el Casino Royale como un acto de terrorismo?
¿Cambia la manera como Estados Unidos querrá afrontar el riesgo de que el crimen organizado en México traspase la frontera, ahora que ha sido concebido por el propio presidente Calderón como terrorismo? ¿Abre la puerta a la intervención unilateral de las fuerzas estadunidenses a nuestro país, como dijo Porfirio Muñoz Ledo, presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados?
Todo indica que Muñoz Ledo, al criticar el exceso de vocabulario del presidente Calderón por utilizar la palabra terrorismo y no calificar el incendio del Casino Royale como un acto de barbarie, volvió —él sí— a excederse en su hablar.
En primer lugar, tanto las declaraciones de Obama como de la secretaria Clinton dejan en claro que la cooperación con México seguirá siendo conjunta y apegada a nuestra Constitución.
Ambos declararon que ésta es una guerra compartida, lo cual marca un parteaguas en la relación con Estados Unidos. Nunca antes, en otros sexenios, había EU reconocido la lucha de esta forma.
Clinton fue enfática: “Estados Unidos continuará asistiendo los esfuerzos de México de desmantelar a los narcotraficantes con estricto apego a la ley mexicana y a su soberanía. Seguiremos comprometidos con México como socios y amigos”.
Pero además, en ninguna de las doctrinas de política exterior de Estados Unidos hay cabida para una intervención como la que menciona Muñoz Ledo. De las seis grandes doctrinas de política exterior estadunidense, la más belicista y abierta a la posibilidad de una intervención unilateral es la de George W. Bush. La famosa Bush Doctrine.
Ésta se concibió después de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 (que simbólicamente están por cumplir una década de haber ocurrido) para formular la manera como EU enfrentaría el riesgo de un ataque terrorista en su territorio. De manera sumamente agresiva —así fue vista por el mundo entero—, Bush justificó la intervención de tropas estadunidenses en cualquier país de forma preventiva cuando éste albergue o promueva grupos terroristas que utilicen armas de destrucción masiva.
Hoy es justo decir que, aun con la cantidad de muertes que ha causado en nuestro país, el crimen organizado no ha utilizado armas de destrucción masiva en sus acciones.
A pregunta expresa a John Feeley, encargado de la embajada de Estados Unidos en México, a la salida de Carlos Pascual, sobre si veía que la relación bilateral y la cooperación entre ambos pudiera dar un giro a raíz del uso de la palabra terrorismo por parte del Presidente para describir el ataque a Monterrey, éste respondió que aun cuando Estados Unidos considera que en México ocurren actos que utilizan tácticas de terrorismo desde hace tiempo, incluso antes del ocurrido en el Casino Royale, también descarta la presencia de grupos terroristas con filosofías políticas.
La diferencia entre tácticas terroristas, que son para infundir terror, como efectivamente sucedió en Monterrey y en el país con el ataque al Casino Royale, y la presencia de grupos terroristas, hace que para EU hoy la cooperación conjunta sea lo que marca la relación. No la intervención.
“No es momento de escatimar esfuerzos sino de rededicarnos a un trabajo solidario con un pleno respeto para la soberanía mexicana”, me comentó Feeley.
@AnaPOrdorica
