México, regresa

Inevitable el luto por las víctimas del Casino Royale en Monterrey, y no por mandato presidencial, sino por sensatez pura.

Yuriria Sierra

Yuriria Sierra

Nudo gordiano

Qué difícil describir la sensación con la que nos fuimos a dormir la noche del jueves. La misma con la que recibimos la mañana que le siguió.

Las inevitables referencias, todos recuerdos de un México que nos duele: lo del estadio de Torreón, las granadas del Zócalo de Morelia en 2008, los jóvenes de Villas de Salvárcar, el coche bomba de Ciudad Juárez o los muertos de San Fernando, Tamaulipas.

Números y hechos que se hacen estadísticos, nombres que se encierran en un archivo, pero que con ellos se llevan el ánimo de un país que se aferra a no darse por vencido.

Inevitable el luto, y no por mandato presidencial, sino por sensatez pura.

Pasan las cinco de la tarde del viernes mientras se escriben estas líneas, y hasta ahora va en 52 el conteo oficial de víctimas en los hechos del Casino Royale, en Monterrey.

Las labores de rescate siguen, la búsqueda de más cuerpos. Los rescatistas siguen trabajando y seguirán así hasta que alguien les dé la orden de ya no más.

Provoca una profunda tristeza ver banderas a media asta. Vaya forma de cerrar una semana que inició con aficionados corriendo en un estadio, aterrados por el sonido de una balacera, y que termina con las contundentes imágenes de los clientes del casino que lograron salir a tiempo, para ponerse a salvo de ese, uno de los peores episodios de violencia que se recuerde en nuestro país, acaso el peor.

Y vaya que, a últimos años, se ha nutrido el expediente que quisiéramos jamás hubiera existido. Qué perversas formas tiene la coyuntura, para ponernos más y más a prueba.

Fueron sólo 150 segundos los que bastaron para encender el terrible olor de la muerte. El mismo que nos hizo escalar otro peldaño, sí otro —ya habíamos escrito al respecto el martes pasado, sobre Torreón.

El clima de violencia de toda la franja norte del país, lejos de hacerse menos, se hace cada vez más cruel. Lamentablemente, también el registro de estos hechos, cada día van teniendo nuevos escenarios.

Tal vez sería más contundente un espacio editorial en blanco, para hablar sobre todo lo que nos duele, lo que pensamos, lo que ya se nos ha hecho inadjetivable. Y es que cómo otro nombrar lo ocurrido si no es terrorismo.

Son mexicanos huyendo de otros que también lo son, pero que buscan apoderarse del país por la mala, con sus negocios y su control.

Pero también, hablar de ello, recordarlo, salir a las calles en manifestaciones pacíficas, son señales evidentes de que se sabe quién es el enemigo, que no el Estado, sino ellos, los criminales. Y sí, empezar a llamarlo como lo que es: narcoterrorismo.

Permisos, protección civil, ajuste de cuentas…varios los temas que hoy están en el aire y que deberán ser aclarados en las investigaciones que se lleven a cabo.

 Pero de eso se encargarán las autoridades, porque al resto nos queda una reflexión, ésta que nos provoca ver a un país, el nuestro, sumergido en un mar de incongruencias e injusticias, que han derivado en violencia y más violencia.

Y tal vez, la injusticia más grande de todas, es que no se sepa identificar al enemigo, y se piense que atacando al Estado es como se va recuperar al país. El mismo al que nos aferraremos hasta que lo tengamos de regreso…

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