Somos mucho más que abuelos
Los que en realidad aman la vida son aquellos que están envejeciendo

Rafael Álvarez Cordero
Viejo, mi querido viejo
Mi querido viejo, mi querida vieja: dicen que mañana es el “Día del Abuelo”, y si lo dicen por algo será. Cierto, es bueno recordar a quien ha tenido el placer de ser papá al cuadrado, y tiene el gusto de ver a sus hijos en la segunda y tercera generación, pero mucho me temo que es un ardid más de los comerciantes para tener otro día de buenas ventas, ya que ahora hay el Día del Compadre, el Día del Tío, el Día del Médico, el Día del Músico, del peluquero, y mil “días” más.
Lo cierto, mi querido viejo, es que nosotros somos mucho más que abuelos; la “abuelez”, si así podemos llamarla, es una de las múltiples facetas de esta etapa de nuestras vidas, porque seguimos siendo papás, y es muy grato oír a los hijos, sus sueños y sus logros, sus triunfos y sus tropiezos, y después de escucharlos, poder darles opiniones o consejos; asimismo, es muy grato, ahora más que nunca, poder dedicar más tiempo a nuestro compañero o compañera, vivir el presente y recordar los muchos momentos que hemos pasado, en ese trayecto que se llama vida.
Cierto, somos abuelos, pero también papás, también amantes, también amigos, y ahora que tenemos un poco más de tiempo, también podemos ser alumnos, artistas, escritores, pintores, escultores, lectores, viajeros, y tantas cosas más.
Si la vida nos da un día más cada mañana, podemos y debemos llenarla de cosas buenas, con una sonrisa en los labios, teniendo siempre en mente que podemos hacer con nuestro cuerpo y nuestra mente muchas más cosas de las que imaginamos.
Me escribe un querido viejo que sentía que no podía caminar, y había pensado ya en conseguir una silla de ruedas, y que después de que en mayo escribí sobre las ventajas del caminar, (“Camina siempre adelante”), comenzó a hacerlo y ya tiene más fuerza en sus piernas y se siente mucho mejor, con ganas de ir al cine y salir a dar la vuelta; como ésta, hay mil historias de viejos triunfadores que descubren sus cualidades y sus fortalezas cuando ya no creían en ellas.
Pero volviendo a la “abuelez”, los nietos pueden aprender de nosotros. “Abuelito, ¿es cierto que estás aprendiendo a tocar el piano?”, dice un pequeño sorprendido, y no sólo pueden aprender, sino que nos imitan y nos imitarán en lo que hacemos.
¡Ojo!, los abuelos no podemos vestir descuidadamente, porque los nietos lo notan; no podemos tener la ropa sucia o manchada, o los zapatos sin anudar la agujetas, o la falda rota, y mucho menos el cabello desordenado o el colorete deslavado; los abuelos somos ejemplo y modelo, y ¡claro!, como somos más que abuelos, así debemos estar en la mejor forma a toda hora y todos los días.
Tú tienes buena memoria, mi querido viejo, ¿te acuerdas de tu abuelito? Lo veías grande, muy grande, estabas atento a su voz, a sus palabras, a sus pequeños regalos, a su sonrisa, y tal vez a su cara hosca por alguna razón; hoy nos toca representar ese papel, y como todo lo que hemos hecho en la vida, más vale que lo representemos bien.
Sin olvidar que somos mucho más que abuelos.
Médico y escritor