UACM: conflicto aplazado, pero no resuelto
Su estructura académica no debía repetir los vicios del resto delas universidades.

Humberto Musacchio
La República de las letras
Hay bomberos que quieren apagar el fuego con gasolina. Eso mismo hacen los integrantes del Consejo Universitario de la UACM, que ante el desprecio de su rectora por la propia casa de estudios, frente a sus dislates, corruptelas y abusos prefieren voltear para otro lado y declarar que la señora no ha incurrido en acciones u omisiones que ameriten sancionarla.
La UACM (Universidad Autónoma de la Ciudad de México) nació como un centro de estudios alternativo, abierto a las familias de menores recursos económicos, a muchachos en cuyos hogares no había una tradición intelectual. En más de un sentido, se rechazó que la UACM fuera una universidad más, de esas que imparten las carreras de contaduría, derecho, economía, sicología y alguna otra, en áreas completamente saturadas.
La UACM debía contar con carreras socialmente necesarias, útiles, capaces de ofrecer un modo de vida a quienes las cursaran, pero siempre con un ánimo de servicio a la comunidad. Su estructura académica no debía repetir los vicios del resto de las universidades, no habría profesores por horas, sino que todos lo serían de tiempo completo, lo que casi se ha logrado, pues lo son 95% de los docentes, que han de ser también investigadores, en la idea de que deben ser generadores del conocimiento nuevo.
Doña Ester Orozco conoce desde sus orígenes la universidad en la que ahora hace ostentación del cargo de rectora, y digo ostentación porque eso significa, entre otras cosas, jactancia y vanagloria, pues se comporta como si el mundo hubiera empezado con ella y la casa de estudios no fuera sino un accidente en ese mundillo de presunta perfección en el que se mueve la burocracia de Marcelo Ebrard.
La rectora sabe cuál es el proyecto fundador, participó en su elaboración y ha sido integrante del consejo asesor, que fue el primer órgano de gobierno, y fundadora del posgrado en ciencias genómicas. Ahora, sin embargo, una y otra vez ha intentado practicarle cirugía plástica a la UACM para que se parezca a cualquier universidad patito, de esas que vinieron a hacer negocio al amparo del neoliberalismo y lanzan a los jóvenes al desempleo, pues son absolutamente incapaces de formar adecuadamente a los alumnos para que éstos se desenvuelvan con éxito en el mundo del trabajo.
Lo que ha permitido la actuación impune de la señora Orozco es que, a diez años de fundada la UACM, se ha creado ya una élite parasitaria que ocupa los principales cargos en la administración y el gobierno de esa casa de estudios. Mala cosa es que los administradores adquieran poder en el ámbito académico, porque entonces se abate la calidad de la enseñanza y de la propia administración. Eso precisamente está sucediendo en la UACM.
Desde hace varios meses la UACM es escenario de un vasto movimiento. Profesores y estudiantes se saben injuriados por la rectora, que se expresa con el mayor de los desprecios hacia la planta docente y la misma Universidad, a la que calificó de “fraude”. Ni más ni menos. La comunidad pide su salida, pero la defienden los beneficiarios de la actual situación —incluidos los consejeros universitarios— porque si ella es llamada a cuentas serán los consejeros los siguientes enjuiciados.
Hasta ahora, la comunidad ha respetado hasta el detalle los caminos institucionales, pero éstos, ahora lo saben profesores y estudiantes, están cerrados.
Lo que ocurra en los días que vienen será responsabilidad de doña Esther, sus validos enquistados en altos cargos y sus protectores del Consejo Universitario.
*Periodista y autor de Milenios de México