Más y mejores empleos para las mujeres

Una mayor igualdad de la mujer en el mercado laboral sólo se dará en la medida que se logre una mayor conciliación entre trabajo, vida familiar y vida personal de hombres y mujeres.

¿Por qué las mujeres?

En México, 42 de cada 100 mujeres en edad de trabajar están participando en el mercado laboral, con tendencia creciente: de las mujeres entre 20 y 40 años, la tasa de participación ya está rebasando 60 por ciento. A pesar de su mejor preparación profesional, muchas siguen sufriendo una serie de desventajas para encontrar un empleo digno.

 De acuerdo con los datos más recientes de la OIT, en 2010, la tasa mundial de desempleo para hombres fue de seis por ciento; en el caso de las mujeres, de 6.5 por ciento. Aun cuando la crisis haya tenido mayor efecto en el desempleo de los hombres, con un gran impacto en sectores como la manufactura o la construcción, también ha aumentado el porcentaje de mujeres que tuvieron que incorporarse al trabajo en condiciones precarias y de incertidumbre. Para igual trabajo, reciben entre 80 y 90% del salario de un hombre. Sólo una minoría tiene acceso a prestaciones de seguridad social por medio de su empleo. Más de 90% de las casi dos millones personas que realizan servicios domésticos en México son mujeres.

Los sectores en que trabajan las mujeres, el tipo de trabajo que realizan, las dificultades de combinar trabajo y familia y la precariedad de condiciones constituyen un obstáculo para la plena realización laboral, económica y social de las mujeres, con consecuencias para la sociedad en su conjunto. Varios estudios han demostrado que, cuando el dinero entre al hogar por conducto de la mujer, un mayor porcentaje llega a gastos de alimentación, educación, salud y vivienda.

Igualdad de género y trabajo decente

En 1998, la OIT adoptó el concepto del trabajo decente que, en esencia, significa un trabajo remunerado, productivo, libremente elegido, ejercido en condiciones de igualdad entre hombres y mujeres, con protección contra los riesgos mismos del trabajo y con esquemas de seguridad social para mitigar las consecuencias de enfermedades, incapacidades, maternidad, vejez y muerte. También incorpora una dimensión de diálogo social entre los actores del mundo laboral, con plena participación de las mujeres. Entendido así, el trabajo decente constituye un requisito para la reducción de la pobreza y la autonomía de la mujer.

Propuestas

Con el fin de lograr un trabajo decente para las mujeres, existe potencial en por lo menos tres ámbitos: políticas de mercado laboral, impulso al desarrollo empresarial y dignificación del trabajo subvalorado. La participación de la mujer en el mercado laboral se logra con formación profesional especializada, incluidos trabajos tradicionalmente “masculinos”, políticas no discriminatorias de reclutamiento de las empresas, acceso a capacitación, coaching y ascenso laboral. El desarrollo empresarial de las mujeres pasa por el acceso a formación empresarial, organización productiva, redes de conocimiento, información de mercados, tecnología y financiamiento.

Finalmente, el trabajo del hogar, el trabajo social y el “cuidado” de adultos mayores, personas con discapacidad o enfermas, deben valorarse económicamente para hacerlos más atractivos. El INEGI y la ONU Mujeres calculan el valor económico de estos trabajos en más de 20% del Producto Interno Bruto. Una mayor igualdad de la mujer en el mercado laboral sólo se dará en la medida que se logre una mayor conciliación entre trabajo, vida familiar y vida personal de hombres y mujeres.

  *Director a.i., Oficina    de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) para México y Cuba

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