Cuatro veces lo tuvieron que votar
Murmullos y risas ante la derrota: se rechazó el punto de acuerdo.

Ricardo Pascoe Pierce
En el filo
El pasado miércoles 17 de agosto de 2011 el diputado Víctor Romo presentó un punto de acuerdo en la sesión de la Diputación Permanente de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal que, a la letra, dice lo siguiente:
“Primero: Se hace un atento llamado al Jefe Delegacional en Miguel Hidalgo, Lic. Demetrio Javier Sodi de la Tijera, a conducirse con estricto apego a lo establecido en el Estatuto de Gobierno del Distrito Federal, en la Ley Orgánica de la Administración Pública del DF y en la Ley Orgánica de la ALDF.
“Segundo: Se hace un atento exhorto a los Jefes Delegacionales del Distrito Federal a conducirse, en el ejercicio de su administración, de acuerdo con lo manifestado en su toma de protesta al asumir el encargo para el que fueron electos.”
El texto del punto de acuerdo inmediatamente generó suspicacias y rechazos de los diputados de todos los demás. La razón era obvia. Es ampliamente reconocido por todos esos legisladores el odio que el diputado Romo le profesa al jefe delegacional Sodi. Prácticamente no hay sesión de la ALDF sin que suba algún punto de acuerdo en contra de la delegación Miguel Hidalgo, por más irracional o infantil que sea. Sin embargo, en el punto de acuerdo, el diputado apuntó la escopeta de su desprecio, por igual, a todos los jefes delegacionales de la Ciudad de México, y no sólo a Demetrio Sodi.
Ante tal falta de cuidado y oficio parlamentario, el correligionario del diputado, de nombre José Luis Muñoz Soria, propuso eliminar del texto el punto dos, a fin de que todo el “peso” de la acusación fuese en contra de Sodi y que no incluyese al conjunto de los jefes delegacionales. Sin embargo, y debido a que no estaba en la sesión el diputado que presentaba el punto, habló en su representación la también perredista Lisbeth Rosas Montero (a la postre, la fallida presidenta de la Comisión de Participación Ciudadana de la ALDF) y anunció que no podía cambiar nada del texto sin la presencia del diputado postulante. Entonces se votó el ridículo.
El diputado Guillermo Orozco Loreto, quien presidía la Mesa Directiva de la Diputación Permanente, ordenó que se tomara la votación. La secretaría registró la misma y anunció que se rechazaba el punto de acuerdo. Hubo murmullos y risas ante la derrota. El presidente ordenó una nueva votación, con el mismo resultado: rechazado. Empezó el cabildeo y la Mesa Directiva ordenó una nueva votación. Una vez más se rechazó el punto de acuerdo. Después de un despliegue de reclamos entre perredistas, y más cabildeo, se sometió, por cuarta vez, a votación el punto de acuerdo. Esta vez se aprobó por 8 votos a favor y 5 en contra.
Para evadir la responsabilidad de haber votado un severo reclamo a todos los jefes delegacionales de la Ciudad de México, en su boletín de prensa correspondiente a la sesión, la ALDF ocultó a la opinión pública lo que hizo y ni siquiera hizo mención del asunto. ¿Cuál era el pecado de los diputados de la Permanente? El haber votado un desaseado y descuidado punto de acuerdo que presentó un diputado integrante del partido mayoritario, quien cuida y resguarda sus intereses económicos en la delegación Miguel Hidalgo.
Y debido a su carencia total de autocrítica, o a pesar de ello, los diputados de la ALDF consideran que se justifica citar a un jefe delegacional a su recinto para explicar, como sucedió con Demetrio Sodi, un solitario bache. Resulta imposible tomar en serio una Asamblea tan poco seria. Y eso que aún no hemos relatado una de sus grandes pifias legislativas, como lo es la Ley de Participación Ciudadana.
*Especialista en análisis político